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Las gotas que derramaron los vasos

Escrito por  Abr 25, 2018

Para el gobierno, la gota que derramó el vaso de la violencia fue el reciente asesinato de los seis policías estatales en Zihuatanejo.

Para los feligreses, la gota que derramó el vaso no fue el asesinato de los seis policías, sino la muerte de los dos sacerdotes el 5 de febrero, replicó el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza.

Consideró que para las tantas madres y padres a quienes les asesinaron a sus hijos, a sus esposos o a otro familiar, eso ocurrió el día que sufrieron la pérdida; para los cientos de familias desplazadas de la sierra, el día de la expulsión de sus comunidades.

Aparte, habrá que agregar que para otros guerrerenses, la gota que derramó el vaso fue la fecha en que desaparecieron a sus seres queridos.

Para los padres y demás familiares de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, el derramamiento del vaso fue el 26 y el 27 de septiembre de 2014 y prosigue derramándose cada día que el gobierno se resiste a hacer justicia.

Rangel Mendoza fue contundente, incisivo: “Cuando la lumbre nos llega a los aparejos es cuando respingamos; asesinaron a esos policías y están respingando”.

Reprochó que ya están dando resultados de las investigaciones y ya hasta detenidos hay, “pero a nosotros hasta hoy día no nos han dado ninguna respuesta de los sacerdotes asesinados. Lo mismo pasa con tantos asesinatos que hay en Guerrero: no hay una pronta respuesta”.

Y sí, donde duele, duele; a unas cuantas horas de la ejecución de los seis uniformados, se detuvo a cuatro jóvenes, y poco después, a seis personas más, en tanto por los que suceden día a día, la Fiscalía General del Estado se concreta a levantar cadáveres y a abrir carpetas de investigación de las que nunca da resultados. Es tanto su trabajo para estos menesteres que carece de tiempo para ir más allá en el cumplimiento de su responsabilidad.

El dolor de los familiares de los uniformados asesinados, ¿será diferente al dolor que embarga a las miles de personas que buscan en todas partes a sus familiares desaparecidos sin tener el consuelo de saber dónde quedaron sepultados y ni siquiera el apoyo gubernamental para dar con sus restos?

Muchas son las gotas que derraman el vaso todos los días sin que las víctimas obtengan justicia; hallan, cuando más, expresiones de “ya se está investigando”, “no habrá tregua contra la delincuencia”, “estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo”, sin aportar resultados. n