Tragedia y comedia

Escrito por  Abr 26, 2018

No fue Carlos Marx el primero en escribir que los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen como si lo hicieran dos veces en el devenir del tiempo –eso queda claro en su obra El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, en que la atribuye tal afirmación a Hegel–, pero sí fue el primero en precisar que primero lo hacen como tragedia, y luego, como comedia.

Basta sólo echar un vistazo a los acontecimientos nacionales o mundiales para confirmar que, en efecto, así es.

Sin ir demasiado lejos, la Nicaragua de estos días es ejemplo de ello: en 1979, con un formidable apoyo internacional –incluidos los de fuerzas progresistas mexicanas y del gobierno de José López Portillo–, el Ejército Sandinista de Liberación Nacional derrocó a la sangrienta dictadura de Anastasio Somoza Debayle, que con todo descaro estaba al servicio del más obtuso conservadurismo de Estados Unidos.

La victoria de esa fuerza beligerante de izquiera infundió renovados ánimos a las luchas de los pueblos del mundo porque demostró cuán posible era liberarse del yugo opresor de una tiranía anacrónica y enferma. Pero transcurridos menos de 40 años de esa gesta libertadora, la situación ha mudado de manera radical: Daniel Ortega Saavedra, el máximo dirigente del FSLN, el estratega que marcó la ruta hacia la victoria sobre el somocismo, es visto por los jóvenes, que no vivieron la revolución –y por muchos adultos maduros que sí la vivieron– como un dictador de características similares a las de Somoza: tan corrupto como él y tan al servicio de la oligarquía como él.

Y el mismo que dirigió aquella revolución libertadora es quien ahora ha lanzado a sus policías a las calles a reprimir las muestras de inconformidad y de enojo con su régimen, protestas que se desbordaron a causa de la reforma a la seguridad social –de típico corte neoliberal– que aumenta las aportaciones y disminuye las pensiones, y que han dejado unos 35 muertos.

Es, pues, la historia, que se ha presentado dos veces, si bien en esta segunda ocasión parece que lo ha hecho como tragicomedia.

Pero en este ir y venir mucho tienen que ver los pueblos, que un día dejan de tolerar a un régimen que hasta hace poco les parecía aceptable, si no es que bienhechor: ora apoyan a la derecha, ora apoyan a la izquierda; hoy quieren revolución, mañana buscan sacudirse la revolución, y así.

Por eso lo que hasta hace pocos años eran dominios territoriales del socialismo real, hoy son campos fértiles para derechas recalcitrantes, ultranacionalismos y conservadurismos, en la vieja Europa, sobre todo del este. Los seres humanos son, sobre todo, emocionales: deciden con las emociones y votan con las emociones; por eso hoy prefieren blanco, y dentro de unos años elegirán negro. Y las contiendas electorales y mediáticas las ganan quienes logran conectar con esas emociones.

Lo bueno (o lo malo) es que nada es perdurable. n