Fuero constitucional

Escrito por  Abr 29, 2018

No es necesario ser docto constitucionalista o experto en derecho para ver que la propuesta para eliminar el fuero, como fue aprobada en la Cámara de Diputados, resultaba más perjudicial que benéfica porque dejaba por completo inermes a los servidores públicos, al colocarlos a todos bajo la espada de Damocles de las leyes, expuestos como cualquier ciudadano de a pie.

Es verdad que la eliminación del fuero de los servidores públicos ha sido añeja demanda de la sociedad, retomada ahora por todos los partidos políticos, pues su aplicación generalizada a estas alturas resultaba ya un anacronismo sin sentido.

A menos que un dictador arribara al puesto público de mayor poder de la nación, lograra mantenerse en él y consolidar y extender su dictadura, como fue en otros tiempos –lo cual está mucho más lejos de lo que muchos suponen–, el fuero no es necesario para los legisladores de ningún nivel.

Pero que esto sea así en el caso de diputados y senadores no significa que así debe ser en todos los casos. Hay funciones que requieren de protección especial del sistema judicial. Ejemplo de ello podrían ser las funciones que toca desempeñar al presidente de la República y a los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Ambos encargos tienen la facultad –y, eventualmente, la obligación– de tocar intereses poderosos, legales o ilegales, que en algún momento pueden considerarse lo suficientemente agraviados por una medida o una acción de gobierno como para decidir emprenderla contra el titular del Poder Ejecutivo o contra los integrantes del Judicial.

Sin fuero, uno y otros estarían condenados a la parálisis forzada por el cerco de las leyes.

Plantear que un presidente de la República no necesita fuero constitucional equivale a decir que no necesita escoltas que le cuiden las espaldas y lo protejan de posibles ataques físicos. Mientras más alto es el cargo que desempeñe, menos válida es la tesis de que el servidor público está seguro porque es protegido por el pueblo porque encarna los sentimientos y las aspiraciones populares.

Eso está bien para un candidato, pero es una insensatez tratándose de un presidente de la República; baste recordar los magnicidios o intentos de magnicidios alrededor del mundo para comprobarlo.

También, por ejemplo, ha sido sentida demanda popular –o de un sector de la población, para ser más exactos– la eliminación de la representación proporcional en la integración de los órganos legislativos.

Pero que sea bandera de una parte del pueblo no la hace justa en automático o realizable, porque la representación proporcional es un mecanismo ideado precisamente para dar voz a los sectores del pueblo que en la elección quedaron en minoría frente a las otras expresiones.

Así, que los senadores hayan enviado –por la razón que sea– a la congeladora la iniciativa ya aprobada por los diputados, de desaparición del fuero, debe ser oportunidad para terminar, de manera sensata e inteligente, con ese privilegio. n