Reforma sin resultados

Escrito por  May 18, 2018

La postura de Andrés Manuel López Obrador, candidato a la Presidencia de la República por la coalición Juntos Haremos Historia, respecto a anular la Reforma Educativa, adquiere fuerza en la medida en que este cambio, a cuatro años de haber entrado en vigor, no ha arrojado resultados favorables o, cuando menos no se han visto.

Probablemente contiene, como sucede con todo pues nada es blanco o negro, algunos puntos positivos, pero ha sucedido entonces que los encargados de aplicar los lineamientos correspondientes o no han podido o de plano se han desentendido del tema, que para el caso las consecuencias son las mismas.

Los cuestionamientos a la reforma son múltiples, sobresaliendo entre ellos las condiciones de deterioro en que se encuentran los planteles educativos, mismos en los que no se refleja ninguna mejoría.

Otro más, que vale la pena mencionar, son las condiciones laborales de los docentes de reciente contratación, muchos de los cuales, después de haber laborado por un mes, quedan al garete fenecido el contrato, encontrándose en una situación de incertidumbre.

Algo peor: muchos que aprobaron el examen no han recibido contrato alguno.

En este tenor, estudiantes egresados de la Escuela Superior de Educación Física (ESEF), quienes resultaron calificados como idóneos en el pasado examen de ingreso al servicio profesional docente, hace casi un año, dieron a conocer que en 13 días más concluirá el periodo de duración de su idoneidad, sin que hayan sido contratados. Son 200 jóvenes que ya cumplieron 11 meses desempleados, en tanto padres de familia de numerosas escuelas siguen saliendo a las calles a manifestarse en demanda de maestros faltantes en escuelas a raíz de fallecimientos o jubilaciones.

El titular de la Secretaría de Educación Guerrero, José Luis González Otero de la Vega, el pasado 24 de abril se comprometió en frente del gobernador Héctor Astudillo Flores a entregar las plazas pendientes a más tardar el miércoles 16 de mayo. No cumplió.

Así, la reforma, más laboral que académica, es de mucha exigencia y poco o nulo cumplimiento.

Cuando López Obrador habla de echarla abajo, todo el aparato gubernamental, incluyendo al propio presidente de la República, Enrique Peña Nieto, se le echa encima, defendiendo la modificación, cuyas supuestas bondades exaltan, pero que en el terreno de los hechos no se ven.

Por lo mismo, mientras avanzan los tiempos de campaña, crece el terror gubernamental porque el inminente triunfo de López Obrador lleva implícito el compromiso de tirar por la borda lo inservible. n