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La pistola en la cabeza

Escrito por  May 20, 2018

El martes 15 de mayo comenzó en Stuttgart, Alemania, el juicio contra la compañía Heckler & Koch por haber vendido fusiles de asalto tipo G-36 –potente, preciso y aguantador– a gobiernos estatales mexicanos que estaban en una especie de lista negra del gobierno alemán, por la facilidad con que las armas acababan siendo usadas para reprimir protestas sociales o caían en manos de delincuentes.

En el caso de Guerrero, ya en 2015, periodistas y activistas mexicanos habían documentado que armas de H&K fueron usadas en el ataque contra normalistas de Ayotzinapa el 26 y el 27 de octubre de 2014, con saldo de 43 desaparecidos, además de seis muertos y decenas de heridos.

El fabricante desobedeció una prohibición de su gobierno, y hoy está en el banquillo de los acusados para responder por esa infracción. Este incidente describe con claridad el peligro que enfrentan las sociedades a causa de la industria armamentista en un sistema neoliberal. El objetivo de la industra el de todo negocio: vender por encima de la competencia, para lo cual tiene que innovar y ofrecer a sus clientes no sólo las armas más modernas y efectivas, sino también las más baratas en la relación costo-beneficio. Ello, por supuesto, implica una competencia feroz y permanente.

En la visión neoliberal no cabe la posibilidad de que el Estado se haga cargo de la producción de las armas con las que ejercer el legítimo monopolio de la violencia para preservar el estado de derecho, pues eso implicaría una distorsión de la economía, además de que, a lo largo de toda la historia de la humanidad, el Estado ha demostrado ser, como administrador, de los malos, el peor.

Así que la solución a este problema no puede ser otro que el de economía de mercado con la rectoría de un Estado fuerte, algo así como el caso del incidente alemán mencionado: hay leyes, a las que deben estar sometidos incluso los fabricantes de armas, y quien las viole deberá pagar las consecuencias de ello.

Sin embargo, también en la lógica neoliberal, las leyes deben ser violadas si no se ajustan a las necesidades del capital.

Alemania misma es ejemplo de cómo una empresa puede burlar la ley con el sencillo truco de abrir sucursales en países cuyo marco legal no es, ni de lejos, tan robusto como el germano.

El caso de Rheinmetall, el mayor fabricante de armas alemán, es prueba de ello, de cómo la ambición por las ganancias empuja a burlar las restricciones nacionales. Hace 10 años, el consorcio de Düsseldorf estableció en Somerset West, Sudáfrica, una alianza con la empresa estatal sudafricana Denel, la Rheinmetall Denel Munition, con la cual ha podido así vender, sin las incómodas restricciones alemanas, fábricas de municiones a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos, que han segado miles de vidas.

Y mientras eso ocurre en aquellas latitudes, a nuestro país siguen entrando, por montones, los productos que la industria armamentista de Estados Unidos tiene que vender para cumplir su ciclo vital, y que vienen a servir a organizaciones criminales cuyo poder de fuego mantiene acorralado al Estado mexicano en varias regiones.

Es la lógica del capital, pues, desde la perspectiva neoliberal, según la cual las utilidades son más importantes que la vida.

La sociedad mexicana tiene la pistola en la cabeza, sea que el arma venga de Estados Unidos o de Alemania, o de cualquier otro país. n