Dos visiones, dos mundos

Escrito por  May 23, 2018

Una familia puede ser muy pobre, no tener vivienda propia, comer un día sí y otro no, carecer de los servicios públicos más elementales, por ejemplo, pero aun así puede ser feliz, vivir en armonía, si siente segura su integridad física.

En cambio, no tiene tranquilidad, ni paz aquella que, aun viviendo entre el confort y la abundancia, ve su vida amenazada; no puede tener seguridad, ni confianza, como tampoco calma, aquella familia que ve salir al jefe de la casa, a la mamá o a los hijos, y no sabe si regresarán.

La seguridad personal es un factor elemental para el bienestar de toda persona. Ni duda cabe.

En este tenor, por lo que toca a Guerrero, uno de los estados más golpeados por la violencia en el país, los guerrerenses no pueden festejar que en el gobierno de Enrique Peña Nieto haya habido logros importantes, que seguramente los hay, como, de acuerdo con la propia versión presidencial, la creación del mayor número de empleos en la historia del país; establecer la inflación más baja en los últimos 48 años; alcanzar un crecimiento económico de 13 por ciento acumulado y de 50 por ciento de inversión extranjera, porque, en materia de seguridad, la violencia ha empeorado año tras año.

De enero a abril de este año, han ocurrido 10 mil 395 asesinatos en el país, 21 por ciento más que en el mismo periodo de 2017, informa el Secretariado de Seguridad Pública de la Secretaría de Gobernación.

En Guerrero fueron 4 por ciento más que el año pasado, 10 por ciento más que en 2016 y 18 por ciento más que en 2015.

Y para los familiares de los miles de asesinados y desaparecidos, Guerrero sí padece una tragedia, aunque le irrite a Peña Nieto, quien hostiga a los ciudadanos “porque no quieren reconocer los avances logrados” en el actual gobierno.

Seguramente los guerrerenses, y particularmente las víctimas de la violencia, preferirían sentirse a salvo de la delincuencia o estar completos en casa, que haberse alcanzado las “históricas” cifras de inversión extranjera, inflación y empleos.

A Peña Nieto le duele la ausencia de reconocimiento a sus hazañas; a los guerrerenses les duele que les haya fallado en su compromiso de abatir la inseguridad.

El Presidente se vanagloria de sus “éxitos”; los guerrerenses lloran la ausencia de sus familiares; a ellos les duelen su pérdidas; al presidente, no. Le irrita que se concentren en su dolor en vez de enfocarse en sus grandes conquistas. n