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Dolor y júbilo

Escrito por  Sep 18, 2017

Tras el paso del huracán Max, viene el recuento de los daños; llega el momento de deplorar lo que pasó y llega también la hora de alegrarse por lo que no pasó.

En el balance gubernamental se habla de la pérdida de 30 mil hectáreas de cultivos en Costa Chica, lo mismo que de daños en más de 3 mil viviendas y la incomunicación de pueblos. Lamentable todo, como lamentable resulta la pérdida de una vida humana, ocurrida al arrastrar la corriente a una persona en San Marcos.

Batir palmas porque solamente una vida sucumbió sería caer en el mismo error en que cae la autoridad cuando festeja la supuesta reducción de asesinatos dolosos perpetrados por el crimen organizado, pues mientras haya una vida segada de por medio, debe ser, por elemental sentido humano, una razón de dolor y un motivo para demostrar compasión, que no lástima.

En San Marcos y municipios colindantes, cientos de personas perdieron su casa, sus cultivos, su patrimonio, pero la familia resultó ilesa; todos los integrantes, a salvo; mientras en Oaxaca y Chiapas, el número de pérdidas humanas llegó prácticamente al centenar a consecuencia del temblor de 8.2 grados.

Las pérdidas materiales pueden ser recuperables; las humanas, jamás. Dejan heridas que nunca llegan a cicatrizar. Suelen hundir en abismos de los que nunca se sale.

Luego entonces, es momento de lamentar, pero también es momento de sentirse contento, pues el saldo del golpe de la naturaleza fue favorable, sobre todo si tomamos en cuenta el concepto espiritualista de que nada nos pertenece y que, por tanto, nada se ha perdido, sino simple y sencillamente se ha devuelto lo que se tenía prestado.

Viene ya la hora de levantarse y ponerse de pie, de reconstruir, siendo aquí donde entra la mano de la autoridad, la que, de momento, ha hallado la oportunidad para mostrarse sumamente preocupada por cuanto ha ocurrido y dejar claro que hará “cuanto le corresponda”, para ayudar a los damnificados a salir adelante.

Frente a todo ello, habrá que estar atentos a fin de que los programas que se elaboren para reactivar todo lo destruido, y los recursos que se destinen para el mismo efecto se lleven a cabo y se gasten de acuerdo con lo previsto, pues no vaya a suceder lo ocurrido con la reconstrucción de Guerrero derivada de la tormenta Manuel y el huracán Ingrid, que se agotaron las partidas y se declararon terminados los trabajos no obstante que, a casi cuatro años del paso de los meteoros, numerosas viviendas están sin construirse, lo mismo que otras obras, lo cual provoca la justa protesta de quienes recibieron el ofrecimiento y el compromiso de ser ayudados. n