Enojo Social

Escrito por  Sep 22, 2017

La historia se repite, no cabe duda. Los proyectiles y los improperios lanzados contra el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, cuando recorría una instalación colapsada en el centro de la Ciudad de México, un día después del sismo de este 19 de septiembre, traen a la memoria no sólo el terremoto que en la misma fecha, pero hace 32 años, sacudió la capital del país con saldo de al menos 10 mil muertos, sino también un incidente ocurrido 10 años antes de esa infausta ocasión.

En las postrimerías de su mandato, el 14 de marzo de 1975, el entonces presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, protagonizó un penoso y peligroso incidente al visitar la UNAM para inaugurar el semestre lectivo y, de paso, congraciarse con la comunidad universitaria que, desde mucho antes y hasta ahora, lo ha señalado como el autor intelectual de la matanza del 2 de octubre de 1968 –cuando era secretario de Gobernación– y de ordenar la matanza de estudiantes el 10 de junio de 1971 en el Jueves de Corpus.

Los ánimos se empezaron a caldear cuando un grupo de estudiantes que acababa de manifestarse en la explanada de Rectoría llegó al auditorio Salvador Allende de la facultad de Medicina y empezó a lanzar primero consignas, luego insultos y, finalmente, proyectiles contra el entonces “jefe de las instituciones mexicanas”, como solían referirse al Presidente en el programa dominical La Hora Nacional.

Una de las pedradas fue a dar a la frente de Echeverría cuando ya huía, rodeado por la guardia del Estado Mayor Presidencial. El tlatoani en turno sangraba profusamente cuando por fin fue evacuado por su equipo de seguridad.

En ese entonces era la izquierda mexicana –en específico el movimiento estudiantil de izquierda– la que estaba enojada con el poder, por la represión sangrienta, por la demagogia del presidente, por las mentiras del régimen, por su autoritarismo, por la simulación del sistema político de entonces, por la falta de libertades y por una larga lista de motivaciones que hoy no existen más o están por ahí soterradas.

Si alguien piensa que en México persiste alguna de esas rémoras, bien haría en revisar la historia del país para aclarar sus ideas.

Sin embargo, a pesar de ello, mucha gente hoy está muy enojada con el sistema, porque descubrió que la democracia no es la panacea, pues no lo resuelve todo. Por ejemplo, no ha resuelto los problemas de pobreza, desigualdad, falta de oportunidades para todos, inseguridad pública, corrupción y un largo etcétera.

Por lo contrario: exige más interacción, más dedicación, más vigilancia y más entrega de todos, sobre todo de los ciudadanos que no están a cargo de las decisiones, y que son la mayoría.

La democracia cuesta. Y no se resolverá a pedradas. n