Doblan a la clase política

Escrito por  Sep 23, 2017

Son las crisis, como la que implica el sismo de este 19, las que generan reacciones inusitadas, que en otro estado difícilmente ocurrirían.

Superada la perplejidad provocada por la sacudida de la corteza terrestre y avanzadas las tareas de rescate, cundió en redes sociales el reclamo generalizado en el sentido de que los partidos políticos aporten 20 por ciento de los recursos asignados para campañas electorales para resarcir los daños sufridos por los damnificados.

Mientras en las redes sociales la exigencia corría muro por muro, inbox por inbox, invitando a compartir y recolectando firmas de respaldo, un silencio sepulcral se extendió entre la clase política.

Intempestivamente, el dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador, respondió al llamado ofreciendo 20 por ciento de los recursos; después, buen rato después, obligados por la indignación y el reclamo popular, otros partidos ofrecieron entregar determinados porcentajes, entre ellos el PRI, 25 por ciento; el Panal, 6 por ciento.

Mas Andrés Manuel López Obrador les salió al paso para comprometerse a entregar 50 por ciento.

La presión ciudadana resultó demoledora; “no se equivoquen –aclaraban cibernautas a los legisladores–; no les estamos pidiendo de su dinero, estamos exigiendo que nos devuelvan el nuestro” , entre otros mensajes.

La lección es de tomarse en cuenta. Los políticos se mostraron insensibles al dolor y a la destrucción; son ellos todos, los que mediante sus legisladores, siempre deciden cómo repartir el dinero entre ellos mismos y cómo gastarlo, lo mismo para las campañas políticas que para los salarios cuantiosos y prestaciones que rayan en lo absurdo y que no se ven reflejados en su labor legislativa, ni en la fiscalización de recursos públicos, pero sí dejan al margen el sentir y el pensar de la población, que es la que genera los recursos por la vía de los impuestos.

Los de abajo, los de a pie, demostraron que cuando se toma la decisión y hay voluntad, se puede despertar a la clase gobernante y hacerle ver y sentir que está para servir a la gente en vez de seguir sirviéndose de ella, favoreciendo a pequeños grupos de privilegiados con los que se reparte el país como si fuera botín. Es cuestión de decidirse. n