Nicaragua: el enemigo externo

Escrito por  Jul 14, 2018

Culpar a un supuesto o real enemigo extranjero suele ser el expediente fácil al que recurren los dictadores que, hundidos en su ineptitud y abandonados por sus socios, no hallan salida a las consecuencias de sus barbaridades.

Es el expediente al que ahora está recurriendo la dictadura familiar de Daniel Ortega Saavedra y su esposa Rosario Murillo en Nicaragua. Advierte el régimen de un intento de golpe de Estado disfrazado de revuelta popular.

Pero no hay complot que pueda movilizar a cientos de miles de personas en las calles. Si eso fuera posible, sería –por ejemplo– muy fácil desvirtuar la victoria electoral de Andrés Manuel López Obrador, y cualquiera sabe que eso sería un despropósito. Y por eso, en el caso del ex candidato de Morena, sus contrincantes electorales, el Presidente de la República y los dirigentes de partidos y de gremios se apresuraron a reconocerle sus prendas, lo cual de paso demostró su civilidad política.

De igual manera, no será fácil desvirtuar las motivaciones de las masivas manifestaciones en Nicaragua que exigen la salida de la familia Ortega-Murillo del poder.

Los dictadores, todos, son abominables, sean de izquierda o de derecha. Los peores son los que se corrompieron y terminaron por defender intereses mezquinos, los suyos o los de su clan familiar, como es el caso del dictador de Nicaragua.

Hay dictadores de otro tipo: los motivados por la defensa de un sistema político o ideológico, pero son igual de crueles y sanguinarios. Y pensar que la izquierda mexicana construyó toda una red de apoyo a la revolución nicaragüense que, liderada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, combatió a una dictadura igual de podrida: la de la dinastía Somoza, en 1979, con tanto éxito que el propio gobierno delirante de José López Portillo en México le dio reconocimiento de fuerza beligerante, una manera de ofrecerle un paraguas diplomático que de mucho le serviría.

Nada queda ya de la utopía aquella del EZLN, de construir una patria justa e igualitaria para los nicaragüenses.

Suman ya 264 víctimas mortales en tres meses de protestas, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Pero el régimen sólo reconoce 49, igual que lo hizo el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz tras la matanza del 2 de octubre de 1968 perpetrada por sus paramilitares en la plaza de Las Tres Culturas, en Tlatelolco.

Cada vez son más las voces que claman por la salida voluntaria de Ortega y su esposa, entre ellas las de connotados ex combatientes del EZLN.

Es claro que Ortega debió hace tiempo seguir el ejemplo del dictador mexicano por excelencia, Porfirio Díaz, quien se embarcó en el Ypiranga en cuanto quedó claro que el pueblo no estaba dispuesto a sufrirlo más.

Si no lo hace, podría enfrentar el mismo destino del dictador que él mismo contribuyó a derrocar: Anastasio Somoza Debayle, quien murió despedazado por una bomba un año después de dejar el poder, el 17 de septiembre de 1980, en el país al que había huido. n