“Divide y vencerás”

Escrito por  Jul 21, 2018

De seguro sin pretenderlo, y de un día para otro, Andrés Manuel López Obrador ha llegado  a ser una especie de fiel de la balanza, el poseedor del voto de calidad, en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que fue una de las principales promesas de campaña de Donald Trump, pero que podría convertirse en su tumba política.

La semana pasada, el presidente de Estados Unidos envió a una delegación de alto nivel de su gobierno a buscar al próximo presidente de México en relación con ese tema, entre otros de menor relevancia para el magnate, habida cuenta que será quien tome las decisiones durante seis años a partir del 1º de diciembre. El grupo de funcionarios estuvo encabezado por el secretario del Departamento de Estado, Mike Pompeo.

De inmediato, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, decidió también enviar una comisión, de nivel y con propósitos similares. A la cabeza vendrá la ministra de Asuntos Exteriores, Christya Freeland.

Así, empieza a verse con claridad qué es lo que buscaba Trump al enviar su comitiva y por qué sus representantes estuvieron muy aquiescentes y muy sonrientes durante la entrevista: a juzgar por declaraciones que hizo luego de ese encuentro, lo que quiere es que el próximo presidente López Obrador acepte una negociación bilateral –sólo entre México y Estados Unidos– del Tratado de Libre Comercio.

El magnate utiliza la estrategia sugerida por Maquiavelo al príncipe, “divide y vencerás”, pues es claro que eso es lo que pretende: deshacer un tratado trilateral para hacer dos acuerdos bilaterales. De esa manera negociaría sólo con México, por un lado, y sólo con Canadá, por el otro, pero ya no con ambos a la vez, porque así hacen mayoría y le echan a perder sus planes.

Ojalá que el próximo presidente no caiga en la trampa; Donald Trump ha demostrado muchas veces que no es de fiar. Dos días después de que sus enviados se fueron de México en apariencia muy satisfechos, su secretario de Comercio, Wilbur Ross, presentó una demanda contra el gobierno mexicano en la Organización Mundial de Comercio porque éste contestó con la misma moneda a los aranceles que previamente impuso Trump al acero y al aluminio de nuestro país.

Imposible confiar en alguien así. Ha dicho que cuando él ve que su contraparte es débil, lo aplasta. Y su pretensión de desunir a México y a Canadá sólo puede buscar debilitarlos.

Tal vez piensa Trump que López Obrador, por estar recién electo, es maleable y manipulable, y no sería descabellado pensar que lo que el magnate ve como oportunidad el gobierno canadiense lo ve como riesgo. Eso da al próximo presidente un poder inusitado y no escrito en ley alguna: el que con su voto puede inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro.

Pero el acorralado es Trump, a quien es evidente que ya come la prisa por presentar resultados a sus electores, pues el tiempo se le agota. No se decide a renunciar al Tratado de Libre Comercio porque ya olfateó la reacción de sus sectores empresariales exportadores y desde ahora percibe que, si hace eso, tendrá que olvidarse de la relección. Así que la carta que le queda es desunir a sus dos socios para tratarlos por separado y de ese modo imponerles su programa de gobierno.

Para él es imperioso, porque cada día están más cerca las elecciones intermedias en su país, y le urge presentar resultados que le granjeen algunos votos, para no perder la mayoría en el Senado, lo cual lo dejaría en franca desventaja legislativa. n