Falta de estrategia

Escrito por  Ago 19, 2018

Si pudiera resumirse en unas cuantas líneas la estrategia de seguridad del gobierno de Enrique Peña Nieto, podría decirse que consistió en dejar de perseguir al crimen organizado, principalmente el relacionado con el narco, a partir de la endeble creencia de que, al dejar de presionarlo, como buenos muchachos, los criminales se mostrarían menos agresivos y, con suerte, hasta benevolentes.

Esa hipótesis podría explicar lo inexplicable: la decisión de subsumir la Secretaría de Seguridad Pública –que, se entiende, operaba bajo criterios policiacos–, en la Secretaría de Gobernación –que, obvio, opera bajo criterios políticos–.

Desde sus primeros días, el gobierno de Peña Nieto procedió a desmontar la infraestructura que había tejido su antecesor, Felipe Calderón, para combatir al crimen. Esta afirmación no significa que la estrategia del panista haya sido la correcta, sino sólo que era proactiva, no pasiva, como fue la de su sucesor.

No sólo los números telefónicos para denuncias anónimas fueron desconectados. También, según el periodista Raymundo Riva Palacio, el entonces secretario de Gobernación tomó la decisión de dar a la tecnología de espionaje con la que el Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (Cisen) buscaba vigilar muy de cerca de los capos del crimen un uso político: escuchar conversaciones telefónicas de quienes él consideraba obstáculos en su pretensión de llegar a ser presidente de la República. Así fue como dirigentes sociales, defensores de derechos humanos y periodistas –no los criminales– empezaron a recibir en sus teléfonos celulares ligas a un sitio en Internet que les descargó en secreto una aplicación que permitía al Cisen escuchar lo que decían por el aparato.

Se trata de una historia harto conocida: la ambición desmedida de un político, que no sólo lo pierde a él, sino que acaba por paralizar a una institución.

Por eso llama la atención que, en su visita a Tijuana, este viernes, el actual secretario de Gobernación federal, Alfonso Navarrete Prida, dijera ante el gobernador de Baja California, alcaldes y empresarios del estado que en la actual administración federal “falló la inteligencia” –es decir el espionaje– contra el crimen, porque lo único cierto es que no hubo tal inteligencia, porque lo que en realidad falló fue la moral, la ética y la honradez del equipo de gobierno que acompañó al presidente Peña Nieto. n