Voz en el desierto

Escrito por  Sep 03, 2018

El arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González, llamó a propiciar el uso de un lenguaje pacífico y pacificador, con motivo de las fiestas patrias, con el objetivo de crear un ambiente de reconciliación y comunión entre los integrantes de la sociedad.

Es importante la exhortación de monseñor, pero resulta iluso tan sólo pensar en la posibilidad de que, habiendo tanta gente lastimada, se alcance ese objetivo.

Pocas podrían ser las familias en las que hiciera efecto ese lenguaje pacífico y pacificador invocado por el clérigo, pues en la mayoría de ellas ha habido un integrante herido, lastimado, secuestrado, extorsionado, o peor aun, desaparecido, asesinado, en tanto que ninguna ha escapado al temor de ser alcanzada por una bala producto de un fuego cruzado o sufrir el susto de observar a gente corriendo entre el sonido de detonaciones de armas de fuego.

Un ejemplo: insistentes han sido los padres de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa en que sin justicia no puede haber paz, y sin paz no puede haber perdón.

El presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Luis Raúl González Pérez, acaba de hacer ver que el gobierno en sus tres niveles tiene una deuda pendiente con los familiares de víctimas de desaparición forzada, y a estas víctimas, valga agregar, no es posible llevarles la paz con palabras, con un lenguaje pacificador, sino con la aplicación de la ley, haciendo justicia, misma que las actuales administraciones les han negado.

Campesinos de La Montaña han dicho, en reclamo airado al gobierno, que ni siquiera pueden ir a sus parcelas, como consecuencia de la inseguridad y la violencia. Y así no se les puede instar a sentirse en paz.

Ni paz puede traer un presidente que ha sobresaturado los depósitos de cadáveres oficiales y ha convertido al país en cementerio.

Pareciera, pues, que monseñor González González ara en el desierto. n