Acción y reacción

Escrito por  Sep 13, 2018

Si no fuera porque se trata de una simple coincidencia de fechas, podría decirse que la manoseada frase de Marx, de que la historia, primero tragedia, vuelve luego como comedia, en realidad es una profecía más que una observación del desenvolvimiento de la humanidad a lo largo del tiempo.

Este 11 de septiembre se cumplieron dos aniversarios en una fecha: un año más del cruento y sangriento golpe de Estado patrocinado por Estados Unidos contra el gobierno elegido democráticamente de Chile, con Salvador Allende Gonssens al frente, en 1973, y un aniversario más del ataque terrorista precisamente a ese país, dentro de su territorio continental, dirigido a su corazón económico: las Torres Gemelas del World Trade Center, en 2001.

Podría pensarse que el segundo es consecuencia del primero. Y, en efecto, lo es. El ataque a las Torres Gemelas de Nueva York fue consecuencia de la política intervencionista de Estados Unidos ante el resto del mundo, al que ha tratado de sojuzgar y someter a sus intereses políticos, económicos y militares, con un éxito siempre cuestionable y no en todos los casos verificable.

Desde que salió incólume de las dos guerras mundiales del siglo pasado, el gobierno de Estados Unidos ha pretendido ser el policía del mundo, para calificar o descalificar a los demás gobiernos, para pisotear la soberanía de sus pueblos y para arremeter con la cachiporra contra los que se le han rebelado. Cuba y Vietnam son dos buenos ejemplos de ello, aun cuando en todos los casos, a la larga, ha resultado derrotado.

Muchos de los males que ahora amenazan a la potencia son consecuencia de su actuación previa. Durante más de un siglo Estados Unidos ha vivido por encima de sus posibilidades y, de hecho, por encima de las posibilidades de su territorio y del planeta. Ha sido durante mucho tiempo el principal generador de los gases de efecto invernadero que han sobrecalentado el planeta, con las consecuencias funestas de todos conocidas.

El año pasado golpeó sus costas el huracán Irma, antes lo hizo Wilma en 2005, y ahora se le acerca peligrosamente el huracán Florence, en todos los casos a costos muy elevados, que ha tenido que pagar el pueblo estadunidense.

Es una consecuencia de su actuación, de su estilo de vida y de las decisiones de su clase dirigente. Donald Trump, en cuanto tomó posesión de la presidencia, reactivó minas de carbón que estaban inactivas por orden del gobierno anterior, aunque esa medida vaya contra los acuerdos mundiales para frenar el cambio climático y aunque ese combustible no tenga más mercado en este mundo que ya cambió.

Así, tal vez sea sólo cosa de tiempo para ver al gigante caer. n