El juego de los alcaldes

Escrito por  Sep 17, 2018

El alcalde de Tecpan, Leopoldo Soberanis Hernández, es de la idea de que los diputados locales aprueben leyes “que impidan a los trabajadores demandar laboralmente a los ayuntamientos”, pues, apuntó, en laudos “se fugan millones de pesos que limitan el desarrollo de las comunidades y el mejoramiento de los servicios a la ciudadanía”.

El edil criticó a quienes, sin haber trabajado en el ayuntamiento tecpaneco, ganaron en los tribunales demandas laborales, “beneficiados por administraciones y funcionarios corruptos, lo que hoy tiene a Tecpan como uno de los municipios con mayor deuda por laudos de todo el estado”.

Efectivamente, se ha convertido ya en costumbre el hecho de que cada alcalde que entra incorpore nuevos trabajadores, no sin antes haber despedido a los que ingresó su antecesor, lo que da origen a demandas laborales que van a parar a los tribunales, que emiten laudos a favor de los despedidos, hecho que provoca deudas descomunales a los municipios.

Lo peor del caso es que no son sólo favorecidos con los laudos quienes realizaron una tarea en el municipio, sino también quienes ni siquiera lo hicieron, es decir los aviadores.

Los que fueron despedidos luego de desempeñar una actividad en la comuna están en todo su derecho de exigir la liquidación correspondiente; tan es así que la Junta de Conciliación y Arbitraje falla a su favor.

Los ampara la Ley Federal del Trabajo; por tanto, a lo propuesto por el edil tecpaneco no se le ve futuro, pues es de dudarse que diputados locales legislen contra leyes federales.

Lo que sí podría ser viable es la creación de un mecanismo mediante el cual se obligue a los alcaldes salientes a no elevar la nómina injustificadamente, pues es un hecho que al iniciar su gestión incluyen a gran número de personas en calidad de eventuales y a última hora basifican a muchos de ellos, creando problemas al sucesor.

Es esta serie de movimientos que lleva a cabo tanto el que llega como el que se va lo que mete en apuros a los municipios. El que entra pega de gritos contra la cauda que le dejaron, pero al final, cuando sale, hace exactamente lo mismo. n