Resbalones

Escrito por  Oct 19, 2018

Expresión más desafortunada no pudo haber emitido el obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, cuando expresó que las mujeres que han sido asesinadas “precisamente no andaban en misa o en la catedral”, dando a entender que las privaron de la vida por transitar por caminos irregulares.

Luego, pisó el freno pero ya había chocado contra la pared: “no es una situación generalizada; hay que estudiar casos como el de la oftalmóloga (Reyna Valenzo Pérez) asesinada en Acapulco”, expresó, al percatarse tal vez de que estaba ofendiendo a familiares de las víctimas, algo en lo que se especializaba en su función de fiscal general del estado, Xavier Olea Peláez.

Tan informado como aparentemente está, monseñor Rangel debe saber que no todas las féminas han sido asesinadas por andar metidas en cuestiones delictivas, y que, aunque las víctimas acabaran de salir de una cantina a cualquier hora del día o la noche, o de cualquier otro sitio a los que las personas santas no acuden, no era razón para que las atacaran como tampoco para criminizarlas.

Es de suponerse que la gente de cualquier sector de la sociedad goza de cabal libertad para asistir a cualquier sitio cuyo funcionamiento esté permitido por la ley, sin que ello sea motivo para que antenten contra su integridad. Rangel Mendoza volvió a resbalar al apuntar que “en el fondo aún subsiste el machismo en Guerrero”, pues su expresión pareciera estar encuadrada precisamente en este contexto, en el machismo, aunque luego volanteó para retomar el camino del bien al subrayar: “ojalá los hechos recientes hagan reflexionar a toda la sociedad y le dé su lugar a las mujeres que valen tanto como los hombres”.

Rangel Mendoza se ha caracterizado por ser un clérigo centrado, respetuoso, aunque tal vez el gobierno lo considere irreverente por sus declaraciones críticas, pero bien fundamentadas y valientes.

No debería perder de vista que el liderazgo que ejerce entre la sociedad, concretamente entre la feligresía católica, es muy importante y que, por tanto, cualquier declaración que haga tiene repercusiones considerables.

Mas, si de consuelo le sirve, monseñor no está solo. Ahí está el caso del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal, quien al defender la política económica del presidente Enrique Peña Nieto cuando compareció ante senadores, manifestó que “los pobres no comen gasolina, sino tortilla, pollo, leche, huevo”.

Por un lado, Guajardo pierde de vista que cualquier alza a la gasolina repercute en todos los servicios que utilizan los pobres, por ejemplo, el transporte, de uso inevitable.

Por otro, el funcionario da a entender que los ricos sí comen gasolina, lo que, en todo caso, convierte al combustible como consumo exclusivo de pudientes.

Es extraño que monseñor Rangel Mendoza incurra en estos resbalones, pero en el caso de funcionarios y políticos forman parte de su agenda cotidiana, muy usual sobre todo cuando se ven arrinconados en cuestionamientos incómodos. n