Exterminación desbocada

Escrito por  Oct 26, 2018

La condena generalizada de comunicadores y organismos defensores de derechos humanos por el asesinato de Gabriel Soriano Kuri, refleja el hartazgo en torno a la violencia contra periodistas del país en general y de Guerrero en lo particular, lo mismo que la inactividad del sector gubernamental rebasado desde hace tiempo por la ola delictiva.

La noche del miércoles, Soriano Kuri, locutor y responsable del área técnica de la televisora estatal RTG, así como impulsor del hip hop, transitaba hacia el centro de la ciudad luego de dar cobertura periodística a un evento del gobernador Héctor Astudillo Flores en Mundo Imperial, cuando, en el crucero de Puerto Marqués, fue atacado a balazos, muriendo en el acto.

Conocedores de los antecedentes de impunidad en el caso de periodistas asesinados, de inmediato surgieron protestas de comunicadores contra la violencia y reclamos de justicia en diversas ciudades de la entidad, entre ellas, Acapulco, Tecpan, Zihuatanejo, Chilpancingo y Ciudad de México.

La Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) se unió al repudio del alevoso asesinato de Soriano Kuri, hijo del jefe de Información de La Jornada Guerrero.

Jan Jarab, representante de la ONU-DH en México, señaló que “el asesinato de Gabriel es un terrible recordatorio más de que la violencia contra periodistas no cesa en el país, reforzando lo que ya sabemos: México es uno de los países más peligrosos del mundo para quienes hacen de la labor de informar a la sociedad su pasión y su profesión”.

La ONU-DH advirtió que con el asesinato de Soriano, suman al menos diez periodistas asesinados en México en 2018, dos de los cuales en Guerrero; además, Agustín Silva continúa desaparecido desde enero; durante 2017 fueron asesinados al menos 12 periodistas.

Sobra decir que la sociedad permanece en espera de que la Fiscalía General del Estado esclarezca ya tanto el crimen contra Soriano Kuri como el de los demás comunicadores y guerrerenses en general que han sucumbido víctimas de la inseguridad.

Si en los diversos foros se sostiene que el gobierno ha sido incapaz de suprimir la violencia y su cauda de consecuencias indeseables, también habrá que hacer ver que las labores de prevención han fallado rotundamente, no importando bajo la responsabilidad de quien estén, pues si la prevención existiera, sencillamente no habría homicidios.

Fracasa la prevención, la persecución y la sanción del delito, todos en el mismo nivel de ineptitud y pasividad de quienes cobran por procurarlas, ante lo que viene a la mente lo sostenido una y otra vez por el obispo Salvador Rangel Mendoza, en el sentido de que al gobierno no le conviene acabar con el crimen porque la autoridad misma es parte del negocio. n