Lucha de poderes

Escrito por  Nov 07, 2018

Tiene cierta razón la secretaria general del Comité Directivo Estatal (CDE) del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Gabriela Bernal Reséndiz, al expresar que es responsabilidad de las nuevas autoridades municipales procurar las condiciones adecuadas para que se aplique la alerta de género en los municipios donde fue decretada.

La puntualización se deriva de los crímenes cometidos en las semanas recientes y con la cual la directiva priísta defiende a ultranza al gobierno del estado, desligándolo prácticamente de la responsabilidad de actuar en el caso de los asesinatos de mujeres.

Algo es verdad: si bien el gobierno estatal no ha hecho lo suficiente para contener la muerte de féminas, el ayuntamiento encabezado por Evodio Velázquez Aguirre sencillamente fue omiso.

En su tercer informe de gobierno, Héctor Astudillo afirmó haber invertido 25.8 millones de pesos en la alerta de Violencia de Género, de los cuales 19 millones corresponden al estado y 6.8 a la Federación.

Con esos recursos se logró la firma del convenio con la UNAM para elaborar un diagnóstico sobre los tipos y modalidades de violencia; se hicieron cursos de capacitación en línea para 200 personas del sector público, en colaboración con el Instituto Nacional de las Mujeres; se capacitó al personal de ayuntamientos en los ocho municipios con declaratoria, y se otorgó un curso de Alta Formación a personal de los Centros de Apoyo Interdisciplinario a Víctimas de Violencia contra las Mujeres.

De haber sido así, de poco o nada sirvió, a juzgar por los resultados; empero, Evodio Velázquez nada podría alegar a su favor.

Pero de eso a que la responsabilidad de frenar la escalada violenta corresponda sólo al ayuntamiento, podría haber un mar de diferencia.

Es obvio que la secretaria general del PRI entró a defender al gobernador ante la embestida de la senadora Nestora Salgado García, quien dijo que en Guerrero hay un gobierno fallido.

Ni la una ni la otra se vieron imparciales, pues cada quien buscó simpatías personales, sin centrarse en un análisis serio; lejos de ello, recurrieron a la explosión visceral.

La verdad es que lo mismo la administración federal que la estatal y las municipales, tendrán que ponerse a trabajar en serio para devolver a los guerrerenses la tranquilidad anhelada.

No son suficientes ya las declaraciones que pretenden suprimir el estruendo de las balas y el correr de la sangre. La gravedad de la situación, la sociedad entera, reclaman hechos, no justificaciones. n