Alcaldes manirrotos

Escrito por  Nov 08, 2018

Salvo honrosas excepciones, las finanzas de nuestro país han sido administradas sin la responsabilidad, la pulcritud y el tino que tan grave encargo requiere. Por lo contrario, han servido a quien detenta el poder para buscar el aplauso inmerecido o para castigar al adversario y premiar al aliado dócil. También en muchos casos le han servido para enriquecerse de manera indebida a costa del esfuerzo de los demás.

Es un problema de todos los ámbitos de gobierno. Pero, como a más jurisdicción corresponde más recursos, a final de cuentas es en el nivel municipal donde se notan de manera inmediata y a plenitud las irregularidades.

Durante mucho tiempo los alcaldes han engrosado la nómina de los ayuntamientos ayudando al amigo, devolviendo favores y saldando compromisos, como si se tratara de su dinero y no de dinero público.

Y lo peor es que son malos recaudadores, aunque en su equipo de trabajo suele haber personas preparadas para llevar a cabo de manera correcta y eficiente las labores administrativas o recaudativas. No pueden desplegar sus habilidades porque en los ayuntamientos las cosas se han de hacer como le gusta al alcalde; quien no esté de acuerdo puede irse.

Esos alcaldes no hacen nada por aumentar la recaudación; no pueden siquiera hacer que todos los usuarios de agua potable paguen su consumo, ni que todos los propietarios de predios paguen el impuesto correspondiente. Tampoco hacen crecer la base gravable, ni regularizan las tomas de la red de agua, sólo por citar dos ejemplos.

Son malos recaudadores y peores administradores.

Algunos también son mal pagadores, como los que retienen el ISR a los trabajadores durante todo su periodo, pero no lo enteran a las arcas de la nación; o como aquellos que descuentan a los empleados las mensualidades de créditos –que estos tomaron con instituciones que a eso se dedican–, pero no lo depositan al acreedor.

Para colmo, a lo anterior se suman las demandas laborales propiciadas por los mismos munícipes, porque en su afán de devolver favores, pagar compromisos o ayudar a los amigos, despiden a otros trabajadores. Y si no lo hacen ellos, lo hace su sucesor, pues necesita recursos para sacar adelante su plan de gobierno.

Algunos alcaldes piden dinero al gobernador desde que comienzan su periodo, y así lo terminan. Acapulco ha conocido muchos ejemplos así.

La situación está haciendo crisis. Tres hoy ex alcaldes, poco antes de dejar el cargo, solicitaron más recursos, alguno de ellos por la vía del endeudamiento con la banca comercial, para pagar indemnizaciones por despidos injustificados de personal.

Otros ya comenzaron la penosa tarea de despedir a cientos –al final sumarán miles– de trabajadores cuya presencia es en realidad innecesaria.

Y aún así, es imposible pagar las deudas por laudos desfavorables y por créditos de proveedores, al menos en el caso de Coyuca de Catalán, según clama su presidente municipal.

Urge una solución.