Cuando las balas hacen mella

Escrito por  Nov 10, 2018

No hay más opción que conceder la razón a la dirigente estatal del Frente de Defensa Popular (FDP), Clemencia Guevara Tejedor, al hablar de que el tema de los feminicidios sólo adquiere relevancia cuando suceden casos como el asesinato de Valeria Cruz Medel, hija de la diputada federal de Morena Carmen Medel Palma, quien se enteró del crimen en plena sesión ordinaria de la Cámara de Diputados.

El asunto obtuvo trascendencia, dijo la dirigente, por tratarse de la hija de un actor político de talla federal, “mientras en Guerrero, como en el resto del país, las autoridades simulan que se aplican las alertas de género, y continúa la impunidad, lo mismo que los asesinatos de mujeres”.

Es verdad, pero no sólo en lo que a asesinatos de mujeres se refiere, sino a todos los homicidios en general.

Se toma como normal el hecho de que cada día amanezcan cadáveres por acciones violentas en cualquier zona de la ciudad o en cualquier comunidad del estado; si se trata de un trabajador pobre o una muchacha común, por mencionar dos ejemplos, nada pasa.

Determinados sectores de la sociedad elevan sus protestas cuando alguno de sus integrantes resultó afectado: un distinguido hombre de empresa, una doctora prestigiada, una profesora conocida, un periodista; y es entonces cuando la autoridad alcanza a reaccionar y le da por hacer compromisos de esclarecer los crímenes, mismos que en la mayoría de los casos incumple.

Transcurrido el tiempo, superada la indignación y la inconformidad, la “normalidad” vuelve a vestir su ropaje de uso diario: la indiferencia ante los asesinatos de quienes no cuentan, el exterminio de los que no valen, bastando con incluirlos en la lista de los que mueren en la supuesta lucha de conquista de territorio de las bandas del crimen organizado.

“Se están matando entre ellos”, solían decir hace poco. Con el tiempo hasta las palabras se desgastan y van a parar al archivo muerto.

¿Nuevas estrategias de seguridad? Hasta que entre el próximo gobierno, suelen argumentar en el medio gubernamental como una manera de zafarse del embrollo, en tanto gobernantes y funcionarios aguantan, resisten, mientras transcurren los días en espera de un cambio que, evidentemente, esperan que llegue revestido de magia.

Pero sí aplican puntualmente su infalible estrategia, particularmente en el caso de los asesinatos de personajes destacados: armar mucho ruido, prometer prontas soluciones y… aguantar, mientras el milagro sucede. n