Desplazados sin destino

Escrito por  Nov 12, 2018

Tan se han considerado como parte del statu quo las repercusiones de la violencia que, habiendo ocurrido el desplazamiento de vecinos de Zitlala hacia Copalillo el jueves 8 de noviembre, fue hasta ayer domingo 11, tres días después, que el gobierno del estado hizo declaraciones periodísticas al respecto.

El hecho no fue para menos: 63 personas, entre niños, adolescentes y adultos, salieron de Tlaltempanapa y, tras caminar dos noches y un día, se refugiaron en Copalillo.

Dejaron todo. Salieron huyendo con su vida a cuestas. Hombres armados habían asesinado a tres habitantes del pueblo y amenazaron con seguir matando si no lo abandonaban.

Autoridades municipales de Copalillo y la Secretaría de Salud estatal, es verdad, los apoyaron a su arribo, pero el gobierno estatal nada dijo. Hubo silencio. No explicó. No fijó postura, como lo hizo cuando habitantes de Tierra Caliente, hace algunos años, salieron huyendo de sus comunidades.

Su llegada a Costa Grande fue entonces un hecho de resonancia internacional. Derechos Humanos y la administración estatal de inmediato hicieron acto de presencia y ofrecieron respaldo. Fluyó el apoyo. Se hizo sentir la solidaridad, aunque después sobrevino el abandono. Entre el dolor, el miedo y la angustia, se filtró la espectacularidad.

¿Por qué con los calentanos sí y con los zitlalenses no? Tal vez porque la desbandada en la sierra de Tierra Caliente fue novedosa. Quizá porque los desplazados captaron las miradas nacionales e internacionales.

El caso es que, prácticamente, los de Tlaltempanapa pasaron inadvertidos.

Por eso mismo reclamaron la atención del gobierno central. Clamaron la presencia de Derechos Humanos. Se quejaron de indiferencia.

Ayer, Florencio Salazar Adame, secretario de Gobierno, espetó: Desde la oposición se exige lo deseable; desde el gobierno se trabaja con lo posible.

Respondió así a las declaraciones del presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, quien abogaba por los desplazados.

El mensaje es muy claro: se pudo más en el caso de los calentanos que en el de los de Zitlala. Unos y otros tuvieron que poner tierra de por medio o los mataban.

Unos y otros son víctimas de la violencia y la inseguridad.

Ni unos ni otros tendrían que salir despavoridos de sus pueblos si no fuera porque el gobierno no ha tenido la capacidad o tal vez la voluntad de garantizar la seguridad de sus gobernados.

Desde la oposición se exige lo deseable, cierto. Es el papel de la oposición; desde el gobierno se trabaja con lo posible. O sea: no puede, no le es posible cumplir su responsabilidad. Pero ahí está aferrado, apegado al poder. No hace, pero tampoco suelta. n