Esperanza agotada

Escrito por  Oct 23, 2017

Cansados, hartos, fastidiados, de recurrir a las autoridades terrenales en exigencia de que acaben con la violencia, sin obtener resultados positivos, ciudadanos de la entidad invocan ahora a la autoridad celestial con la esperanza de ser escuchados y les conceda la tan anhelada, prometida y no cumplida paz, lo que debería ser una vergüenza para el gobierno en sus tres niveles.

En Ciudad Altamirano, católicos portando globos de varios colores marcharon la mañana de este domingo por las calles para pedir paz. “Sólo Dios nos puede ayudar”, dijeron algunos participantes, como si fuera un reproche para la autoridad. Los habitantes de la Tierra Caliente ya no aguantan más, gritó una mujer desde el interior del grupo de los marchistas, con los ojos cerrados, suplicando a Dios que acabe con la violencia que, se dolió, está matando a las nuevas generaciones.

En Iguala, integrantes de diversas iglesias cristianas del movimiento pentecostés, encabezados por la alianza de pastores, efectuaron ayer La Marcha por Jesús, para abogar por la paz. Al grito de “Cristo vive” y a “su nombre gloria”, los más de mil 500 congregantes, todos vestidos con azul y blanco, portando lonas, pancartas con leyendas de “Cristo vive, amor y paz”, y globos blancos, entonaban alabanzas y exaltaban el nombre de Cristo demandando un alto a la violencia.

Ellos, que carecen de las herramientas para erradicar la asfixiante inseguridad, invocan a Cristo buscando paz; el gobierno, que cuenta con el dinero, los hombres y las armas, no puede o no quiere acabar con la violencia y la cotidiana pérdida de vidas humanas.

Ayer, cinco personas fueron asesinadas en Zihuatanejo; la mañana del sábado, entre 40 o 50 hombres armados a bordo de camionetas y cuatrimotos tomaron por asalto la comunidad de Vallecitos de Zaragoza, en Zihuatanejo, sometieron a los policías estatales y a los integrantes del grupo de autodefensa Guardia Rural de Ejidos Unidos por Guerrero que la resguardaban, llegaron a la casa de un ganadero y lo asesinaron.

El clamor de justicia se esparce por todos los puntos cardinales sin encontrar eco, como el de unas 500 personas que, encabezadas por la organización campesina Vicente Guerrero, marcharon en Chilpancingo para exigir justicia por los asesinatos del ex presidente estatal del PRD e integrante del Grupo Pro AMLO, Ranferi Hernández Acevedo, su esposa, su suegra y su chofer.

O como el de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México, en el sentido de que cuatro años han transcurrido sin que se aclare el asesinato de la luchadora social Rocío Mesino Mesino.

Es éste un estado en el que todo pasa y no pasa nada, con el argumento de que la violencia permea en todo el país, no solamente en Guerrero. Siendo así, seguramente la muerte seguirá cabalgando libre y alegre por la pradera. n