El paladín invencible

Escrito por  Ene 08, 2019

En la entrevista concedida por Bruno Plácido Valerio al corresponsal de La Jornada Guerrero en Costa Chica, Misael Damián, el jefe de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (Upoeg) dijo algo muy cierto: las policías comunitarias han surgido a raíz de la incapacidad del gobierno para proporcionar seguridad a los pueblos.

Y esa misma incapacidad ha permitido la multiplicación de policías comunitarias a tal extremo que el mismo gobierno ya no puede someterlas no obstante que operan fuera de la ley.

La Upoeg se ha convertido en un pulpo que ha extendido sus tentáculos por todas partes sin respaldo legal; es un monstruo que ha desafiado al gobierno y, aprovechando precisamente el clima de violencia, se ha fortalecido sumando miles y miles de integrantes.

Su supuesto objetivo de proteger a las poblaciones ha sido constantemente cuestionado; el Fusdeg (Frente Unido para la Seguridad y el Desarrollo del Estado de Guerrero) siempre la ha acusado de servir a la delincuencia organizada, pero de lo que no hay duda es de que ha sido instrumento de confrontación, como quedó demostrado en 2017 cuando irrumpió en La Concepción, pueblo ubicado en los bienes comunales de Cacahuatepec, con el pretexto de dar seguridad a la gente, no obstante que operaba ya ahí la Policía Comunitaria de la Crac.

Dijo también en la entrevista que “a seis años se ha demostrado en los pueblos que sí pueden organizarse y defenderse de la delincuencia, y ahora los que han delinquido están en la cárcel”.

Pero se cuidó de no explicar por qué no están en la cárcel sus policías, los de la Upoeg, que masacraron a hombres, mujeres y niños dentro de una vivienda en San Pedro Cacahuatepec, el 9 de junio de 2017.

Inicialmente, Plácido Valerio se comprometió con el gobierno del estado a entregar a los asesinos, pero después de que sostuvo una reunión con sus subalternos, dio marcha atrás y faltó a su palabra.

Ahora se yergue como paladín de las causas justas, invade pueblos y cerca comunidades poniendo de rodillas a las autoridades, que no se atreven a desarmarlo y menos aun a aplicarle la ley.

Y el hombre crece y sigue creciendo entre cuestionamientos y el rechazo de muchos, sumando nuevos seguidores en comunidades azotadas por la violencia ante una autoridad que, en situaciones de crisis, lo busca y le ruega que se pongan a platicar para destrabar los conflictos que los comunitarios han creado con sus actuaciones violentas. n