Momento de revisión

Escrito por  Ene 10, 2019

Al final de un periodo más o menos largo de bonanza turística, parece que se acerca el tiempo en que los empresarios del sector turístico de Guerrero deben revisar sus bolsillos para ver si las utilidades que les han dejado los años de recuperación de las afluencias turísticas de otras épocas, menos atribuladas que la actual, son suficientes para emprender la modernización de sus instalaciones.

Así parece entenderlo el vicepresidente de la Asociación de Hoteles de Ixtapa Zihuatanejo, Jesús García Mendoza, quien ayer anunció la posibilidad de aumentar las tarifas de los establecimientos afiliados, si bien la motivación será que éstas, junto con las de las hospederías de Mazatlán, son las más bajas del país.

Las condiciones en el país empiezan a configurarse para llevar a los hechos un plan de ese corte. La afluencia turística en Guerrero ha sido mayor a la esperada cada año, y a partir de este año mejorará de manera notable el salario mínimo, medida que a mediano plazo por fuerza tiene que repercutir en toda la estructura salarial de la planta productiva de la nación.

Durante muchos años, a la par de la crisis turística, corrió el deterioro de la planta hotelera, como es fácil de comprender: los destinos turísticos de la entidad –Acapulco, de manera muy marcada– no hacían más que perder clientela, acicateados por la competencia de destinos turísticos nuevos y más modernos, y paralizados por su propia rigidez, acostumbrados como estaban a los buenos ingresos que dejaba su posición estelar en el mercado.

En la emergencia, muchos de los empresarios del sector se vieron forzados a hacer entre sí una guerra de precios que se prolongó tanto como la crisis. Así, los hoteles de cinco estrellas decidieron congelar, en algunos casos bajar, sus tarifas para homologarlas con las de los de cuatro estrellas, y estos hicieron lo propio, con tal de quitarle los clientes a los del nivel inferior.

Pero esta práctica pronto empezó a mostrar sus perniciosos efectos secundarios: el uso intensivo y los menores ingresos deterioraron, en muchos casos de manera irremediable, el estado físico de los hoteles. De este modo, al final de la etapa turbulenta, lo que hay son inmuebles que requieren con urgencia remozamientos y hasta cirugía mayor.

El actual parece ser inmejorable momento para revisar todo ello. Pero habrá que tener cuidado en no concentrar los cambios en las tarifas; la revisión tiene que ser integral para que el efecto sea el óptimo. n