Huelga, indiferencia y engaños

Escrito por  Ene 12, 2019

Deplorable resulta que, aduciendo apuros económicos, la administración estatal haya negado apoyo a los integrantes de la Sección 17 del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, con sede en Taxco, que acumulan ya 11 años en huelga.

El líder seccional Roberto Hernández Mojica se dolió de que desde la Secretaría de Finanzas estatal (Sefina) le notificaron que para este año el gobierno del estado no enviará ayuda para los mineros en huelga; el primer año del actual gobierno, dijo, los mineros recibieron una aportación como ayuda por la huelga; este año se demandó el auxilio, pero lo negó.

Es lamentable, pero más deplorable es que todos los políticos y gobernantes que les han ofrecido ayudarlos a resolver su movimiento no honren su palabra y los condenen al abandono.

Conveniente es recordar que en las campañas correspondientes a las elecciones de 2018, los políticos aspirantes a puestos de elección popular fueron a Taxco, los visitaron y cortejaron, les prometieron solemnes mediar ante quien fuera necesario para resolver el movimiento huelguístico.

Ni han vuelto, ni han emprendido gestión alguna.

Cuando su dirigente nacional, Napoleón Gómez Urrutia, salió de Canadá, donde estaba refugiado porque lo perseguía la justicia, para buscar la senaduría, los mineros de Taxco acudieron a la Ciudad de México, donde, junto con otros de sus compañeros, lo blindaron para impedir que alguien fuera a agredirlo.

Ellos vieron cómo le hicieron, pero allá estuvieron, respaldando al líder en cuyas declaraciones se comprometía a buscar la solución a la huelga. Ni se acuerda ya.

Ni los presidentes de la República que han pasado, ni los gobernadores, como tampoco los presidentes municipales que en los últimos 11 años ha tenido Taxco, han mostrado interés en solucionar el movimiento. Han recibido infinidad de promesas que finalmente han resultado engaños.

Pero siguen ahí. Llueva, truene o tiemble, pasando navidades y años nuevos fuera de su hogar y lejos de sus familias; permanecen firmes en su propósito de hacer respetar sus derechos laborales, dispuestos siempre a escuchar propuestas de la parte empresarial, que nunca llegan.

El conflicto no tiene fin. Ni se vislumbra la probabilidad de que se resuelva, pero los obreros no abandonan su lucha, a pesar de la indiferencia gubernamental. n