Decisiones difíciles

Escrito por  Mar 03, 2019

De las varias declaraciones públicas que hizo la alcaldesa Adela Román Ocampo este sábado, llama la atención la que se refiere al monto de los recursos que su gobierno necesitaría para cubrir lo que considera que son las necesidades más apremiantes del municipio, y su comparación con los recursos que en realidad tendrá, los cuales no suman ni la mitad de aquéllos.

Dijo que la primera cifra asciende a más de 7 mil millones de pesos, mientras que la segunda alcanza apenas los 3 mil 400 millones de pesos. No que sea una circunstancia extraordinaria; de seguro así ha sido en todos los gobiernos –y en todo otro ámbito–, en todas las épocas de la humanidad, con rarísimas excepciones, pues el dinero parece no ser nunca suficiente.

La diferencia la ha hecho la decisión que han tomado los gobiernos ante ese hecho. Por ejemplo, el presidente Luis Echeverría Álvarez –que gobernó el país cuando el banco central no era independiente del Ejecutivo–, tomó la peor decisión que puede tomar un gobierno populista en esta materia: ordenó la impresión de billetes hasta alcanzar los montos que su gobierno requería para hacer todo lo que consideraba necesario hacer.

Pero el dinero así producido –sin respaldo en la economía real– no tiene más valor que el papel en el que está impreso, y el resultado fue una inflación que dos sexenios después no era aún posible controlar.

Los gobiernos posteriores parecen haber aprendido la lección: lo único que se puede hacer en casos como el de Acapulco es recortar los gastos, que es, por cierto, lo que está haciendo el gobierno federal, si bien la diferencia es que ahora el banco central –es decir el Banco de México (Banxico)– es un ente autónomo del Estado mexicano, lo cual significa que no está supeditado al Poder Ejecutivo.

Es lo que le toca hacer al gobierno de Adela Román Ocampo en Acapulco: no sólo recortar sus pretensiones de gasto, sino el gasto mismo que hace en varios rubros, para lo cual tiene que partir de un diagnóstico certero y realista.

Quizá algunas de las decisiones implicadas resulten difíciles, pero nadie dijo que gobernar es tarea fácil. n