El gato y el ratón

Escrito por  Mar 26, 2019

Plausible decisión resulta la del presidente Andrés Manuel López Obrador de que todas las instituciones y todo el gobierno, es decir, el Estado, participen en la búsqueda de desaparecidos como consecuencia de la violencia, para lo cual se dispondrá de un presupuesto ilimitado.

Era ésta la respuesta que familiares y amigos de cientos de miles de desaparecidos esperaban, mismos que por todos lados y sin el respaldo gubernamental, han venido buscando infructuosamente a sus seres queridos.

Empero, no es la solución completa al problema. Quienes han sufrido la sustracción de un ser querido e ignoran su paradero, tal vez con la determinación del actual gobierno lo lleguen a encontrar, vivo o muerto, pero tendrán el consuelo de saber dónde quedó si murió, que es lo que reclaman.

Mas sucede que la gente sigue desapareciendo sin que se sepa qué ocurrió con ella.

Luego entonces, la solución integral sería encontrar a los desaparecidos, sí, pero impedir nuevas desapariciones, pues de lo contrario será un asunto de nunca acabar, pues por un lado darán con unos pero por otro, se esfumarán otros.

La desaparición de algunos es atribuida directamente a la delincuencia; la de otros, a la policía, y la de otros más, a las autodefensas.

La tarea entonces abarca someter al narcotráfico, depurar y profesionalizar a las policías, así como meter al orden a los comunitarios que, desatados como están, se atrevan a desafiar al gobierno estatal, que ya de plano admitió no poder hacer nada con ellos, remitiendo el problema a la Federación.

La guerra sucia, allá por los 60 y 70, provocó la desaparición de muchos; esa etapa, que tuvo como protagonistas a los grupos guerrilleros y al Ejército, quedó atrás, en tanto familiares siguen indagando por sus difuntos.

Pero no ocurre lo mismo con el actual problema de la violencia, que no ha terminado; ya no desaparecen personas por la guerra sucia, en cambio la violencia cada día las sigue levantando.

Los factores que generan la inseguridad viven, laten, actúan y destruyen; en tanto no se meta en cintura a quienes la provocan, las desapariciones seguirán, porque tal es uno de los medios de operación de los infractores.

Por lo pronto, la depuración de las policías se antoja lejana, casi utópica, lo mismo que la solución al problema que representan los grupos comunitarios, y ya no se diga del crimen organizado.

Así el panorama, al menos en lo inmediato y lo mediato, tal vez encuentren a unos, pero seguramente desaparecerán otros, pues se está viendo solamente el árbol en vez del bosque. n