Piedra angular

Escrito por  Abr 04, 2019

Ayer comenzó la segunda etapa de excavaciones en las instalaciones que fueron el cuartel militar de Atoyac en los años 70 del siglo pasado, en busca de los restos del luchador social Rosendo Radilla Pacheco, desaparecido –como está documentado– tras ser detenido por efectivos militares el 25 de agosto de 1974.

La irracionalidad con que ha sido buscada la más famosa víctima de desaparición forzada de la guerra sucia en Atoyac no ha cambiado un ápice entre la actual Fiscalía General de la República y la anterior Procuraduría General de la República, a pesar del cambio del gobierno federal.

Del todo certeros han sido los señalamientos al respecto del presidente de la Afadem, Julio Mata Montiel, quien lo ilustró con dos frases hechas de uso muy común: dijo que buscar restos de desaparecidos con el método con que lo hace la FGR es como buscar una aguja en un pajar y como dar palos de ciego.

¿Por qué buscarlos a partir de testimonios de víctimas colaterales de los hechos, pero que no los presenciaron, en vez de llamar a declarar a los militares que participaron en ellos, así como a sus jefes, incluidos el entonces secretario de la Defensa Nacional y el entonces presidente y jefe supremo de las fuerzas armadas, Luis Echeverría Álvarez? ¿No sería esto más barato y más efectivo?

La respuesta no requiere de análisis demasiado profundos: si al Ejército nunca se le ha tocado ni con el pétalo de una rosa –para usar otra frase común–, mucho menos ahora que constituye la piedra angular de la lucha contra la criminalidad, que tiene al gobierno y a México todo contra las cuerdas. Eso explica por qué la posición del actual gobierno federal es la misma que la del gobierno de Felipe Calderón ante el instituto armado.

Lo que se ve no se juzga, según otra frase común. Y lo que se ha visto hasta ahora es que no ha habido voluntad política para buscar en serio a los desaparecidos. Resulta hasta increíble el método de excavar donde familiares de las víctimas consideran que pueden estar sus restos, así sin más, cuando en el mundo actual hay suficientes tecnologías para examinar el subsuelo con toda precisión y a gran velocidad.

Hoy en países europeos –en busca de restos con valor arqueológico– y del sur de América los buscadores examinan el suelo desde aviones o desde drones, y lo escanean con métodos y tecnología moderna que con toda precisión indica qué es lo que hay debajo, sin importar si ha crecido vegetación encima, con los cuales se pueden abarcar grandes extensiones en muy poco tiempo.

¿Por qué la Fiscalía sigue buscando como si no hubieran transcurrido casi 50 años desde entonces, si la busqueda de desaparecidos es una de las grandes prioridades del actual gobierno federal, según se deduce del monto de recursos destinados para tal fin, como nunca antes? La respuesta es simple: no hay voluntad política para causar molestias a la piedra angular de la lucha contra el crimen. n