Las armas callaron

Escrito por  Abr 23, 2019

Cuando el 29 de octubre de 2018 el fiscal general del estado, Jorge Zuriel de los Santos Barrila, declaró que la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) estatal presentó denuncia penal por la desaparición de 183 armas en la policía de Acapulco, se llegó a pensar que el asunto iba en serio, pero resulta que, de acuerdo con declaraciones del secretario de Seguridad Pública del estado, David Portillo Menchaca, 60 por ciento de los 81 municipios de la entidad tienen reportes de armas desaparecidas.

Si bien la Fiscalía General del Estado (FGE) tomó nota de 183 armas desaparecidas, Portillo Menchaca estimó la cifra en 150, y ayer la síndica procuradora del ayuntamiento de Acapulco, Leticia Castro Ortiz, dijo tener el reporte de que las perdidas en el gobierno anterior suman 20.

Sobre esta danza de cifras vale precisar que el titular de la SSP se refirió a 183 armas extraviadas desde hace 10 años, incluidas, puntualizó, las del trienio reciente.

Aun así, el dato aportado por el fiscal, tomando en consideración la denuncia penal presentada por la SSP estatal (183) y el mencionado por la síndica (20), marca una diferencia de 163 armas.

Es de suponerse que la verídica es la manejada por el fiscal porque la respalda una denuncia. La cantidad de la síndica evidencia que la funcionaria ni enterada está de la realidad, lo que lleva a pensar que no han dado seguimiento alguno al caso.

Pero no solamente el ayuntamiento se ha mantenido al margen, sino también la Fiscalía, porque si bien su titular aseguró que “vamos a hacer investigaciones y a deslindar responsabilidades”, es obvio que ha dado carpetazo al caso, pues no obstante los seis meses trancurridos, ningún resultado ha aportado.

Nada novedoso es realmente, pues si el titular de la SSP expuso que las 183 armas se han extraviado en los últimos 10 años en el ayuntamiento porteño, lleva a pensar que la desaparición del armamento ya es algo natural; es decir que cada trienio cada quien extrae las armas sin que nadie le exija cuentas.

Eso podría interpretarse en el sentido de que si en 10 años nadie ha dicho y menos hecho algo al respecto, ningún indicio pone de manifiesto que en este trienio, así sea de la cuarta transformación, vaya a ser diferente.

Tan es así, que la FGE no dice nada, y la síndica ni cuenta se da de cuántas armas se esfumaron, y queda claro que la llamarada que levantaron al final de la administración reciente no tenía otro objetivo que mantener en jaque al alcalde saliente, Evodio Velázquez Aguirre.

Transcurrida la transición, todo volvió a la calma y pasaron al olvido los reclamos contra el supuesto autor de todas las desgracias sufridas por Acapulco en los últimos tres años. n