Caos y destrucción, el objetivo

Escrito por  May 07, 2019

Si la historia considerara pertinente juzgar la irrupción y los destrozos perpetrados por cetegistas y alumnos de la normal rural de Ayotzinapa, en el Congreso del estado, difícilmente el veredicto les sería favorable.

De entrada, los normalistas protestaban contra la determinación de la Comisión de Examen Previo de la Cámara de Diputados de desechar el juicio político contra el ex procurador de la República Jesús Murillo Karam por la desaparición de los 43 estudiantes.

Una decisión del Congreso de la Unión se la vinieron a cobrar al Congreso local.

Por su parte, afiliados a la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación (Ceteg) reclamaban a diputados locales su supuesta falta de compromiso de abrogar la reforma educativa, un asunto respecto al cual, al fijar posiciones, diputados exigieron a los rijosos dirigirse al Congreso de la Unión, al que, en todo caso, corresponde echarla abajo, sin que nada tenga que ver en ello el Congreso del estado. ¿Querían diálogo?

Cuando la bancada morenista se enteró de la presencia de cetegistas y normalistas, acudió con su coordinador a la cabeza, Antonio Helguera Jiménez, con la intención de atenderlos; les ofrecieron diálogo, pero recibieron en respuesta insultos, agresiones, reclamos. Helguera, en más de una ocasión, ha afirmado haber recibido un botellazo.

Rompieron los candados de las puertas de acero del acceso principal y en tumulto ingresaron al Congreso; unos se quedaron a reclamar a los diputados “su falta de compromiso” para derogar la reforma educativa, mientras que otros se dirigieron a las oficinas de los legisladores, donde destruyeron todo a su paso, desde vidrios hasta computadoras y sillas, además de incendiar documentos.

Poco antes, el día 9, un grupo cetegista había sido recibido por diputados, quienes le permitieron hacer uso de la tribuna. No puede, entonces, alegarse cerrazón, pero esta vez, no era el diálogo lo que les interesaba, sino cumplir un plan de acción nacional de 48 horas.

El caos era el objetivo. El vandalismo se impuso.

Una acción irracional y sin motivo alguno, fue el veredicto del morenista Antonio Helguera. Los demás diputados, igual, reprobaron y condenaron. n