La lumbre en los aparejos

Escrito por  May 10, 2019

Bien dice el representante del Colegio de Biólogos del estado, Ricardo Pérez Carmona, cuando puntualiza que la causa de los incendios forestales es la falta de interés de las autoridades al no prevenirlos y al no sancionar a quienes los producen.

Uno de los elementos causantes de los incendios es la quema de tlacololes para la siembra de la temporada; la autoridad está muy distante de los campesinos como para capacitarlos respecto a la manera de impedir que el fuego se salga de sus parcelas y se extienda por el bosque.

Hay la creencia en el campo de que quemar el rastrojo produce mejores cultivos; si bien es verdad que el maíz, el frijol o lo que se siembre, crece más en los espacios quemados que en el resto de la parcela, los conocedores afirman que el fuego tiene efectos contraproducentes porque empobrece la tierra.

No obstante, no hay quien oriente al campesino sobre el tema. No basta con dictar prohibiciones porque no las va a obedecer; lo más conveniente es la sensibilización del labriego, el convencimiento de que, si quema en su parcela, la tierra se volverá menos productiva.

Por eso es relevante la propuesta de Pérez Carmona: ejecutar un programa integral de incendios en el que se toquen los temas de prevención, sensibilización, capacitación, sanción y organización comunitaria.

Así, primero la orientación al campesinado; luego viene la sanción; pero actualmente no hay ni lo uno ni lo otro; es el abandono del campo, el distanciamiento gubernamental, el que priva.

Por ende, el gobierno es más culpable de los incendios que quienes los causan, porque además de soslayar el problema, descuida, margina, minimiza, a las dependencias encargadas de sofocar los incendios, lo mismo que a sus integrantes.

Los legisladores no son ajenos a tanta negligencia; sabedores de que año con año grandes extensiones de bosques desaparecen por los incendios, escamotean los recursos para planear, prevenir y combatir el fuego.

Nadie se ocupa de pedirles que proyecten su atención al problema, y tampoco ellos tienen la sensibilidad de hacerlo sin que alguien lo promueva.

Es en momentos como éstos, en que hay 18 incendios activos en la entidad, cuando el gobierno reacciona para luego, superado el peligro, olvidarse del asunto, mientras quedan atrás miles de hectáreas devastadas, que tardarán lustros en recuperarse. n