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Xaltianguis como indicador

Escrito por  May 13, 2019

Lo que suceda o deje de suceder en Xaltianguis a propósito del conflicto entre dos grupos de autodefensa y del clamor popular de poner fin a tal situación será indicativo de lo que puede el estado esperar del gobierno federal en materia de seguridad pública y combate al crimen organizado.

Mucho han posteado en redes sociales ciudadanos que votaron por Andrés Manuel López Obrador que el Presidente no puede resolver en unos cuantos meses los problemas que se gestaron a lo largo de decenas de años. Y tienen razón.

Pero ya transcurrieron casi seis meses del nuevo gobierno, y es tiempo de empezar a delinear lo que será dentro de cinco años y medio el nuevo rostro de la seguridad pública.

Xaltianguis no es cualquier pueblo perdido en la sierra o en La Montaña; es la comunidad más grande de Acapulco después de la cabecera municipal –que es, a su vez, la ciudad más grande del estado– y está asentada a la vera de la carretera federal México-Acapulco. Ningún gobierno podría pretextar que es una localidad alejada de los grandes centros de población o de las vías de comunicación primarias del estado.

Antes de este nuevo gobierno federal, los gobiernos estatales y municipales poco o nada podían hacer en materia de seguridad pública, porque el federal simplemente no daba señales de vida en este asunto –y prácticamente en ningún otro desde mediados del periodo anterior–, y en los hechos ninguna acción, ni ninguna estrategia local eran respaldadas por el gobierno federal. Así se descompuso la seguridad pública hasta niveles increíbles de putrefacción.

En Xaltianguis se verá si las cosas ahora serán diferentes, si las acciones que emprendan los gobiernos locales tendrán eco en el gobierno federal. Ayer hablaron al respecto el gobernador Héctor Astudillo y la alcaldesa Adela Román. El mandatario dijo que que ninguno de los dos grupos que han protagonizado enfrentamientos en la localidad reúne las características para proteger a la población, pues no es esa su motivación, y que “esperamos que poco a poco vayamos tomando más el control absoluto de lo que es Xaltianguis”.

La alcaldesa, por su parte, aseguró que está dispuesta a “hablar con quien tenga que hablar” y “sentarme con quien tenga que sentarme, para lograr la pacificación de la comunidad”.

Ahí están planteadas las posturas proactivas de las dos autoridades locales que tienen que ver con Xaltianguis: ambas dispuestas a dialogar, a actuar y a retomar el control gubernamental sobre esa comunidad. Lo que suceda después depende de cuánto apoyo les dé el gobierno federal.

Por eso Xaltianguis es el termómetro, el indicador, y habrá que vigilar la evolución de las cosas ahí. n