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El embrollo del fertilizante

Escrito por  May 14, 2019

Quizá no todo está aún escrito en el actual retraso federal en la distribución del fertilizante subsidiado a los campesinos de Guerrero; quizá la naturaleza y sus anormalidades –como el cambio climático– esté ayudando a los noveles funcionarios federales para que su retraso no resulte en catástrofe, en vista de la inminencia de la temporada de lluvias.

Seguramente nunca será reconocido en público, pero es obvio que el retraso de meses es resultado también del afán del nuevo gobierno de someter todo a controles que eviten que manos indebidas o ajenas tengan acceso a los recursos públicos.

No se necesita mucha deducción para concluir que el relevo en el patrocinio del programa de fertilizante estuvo motivado por la idea de quitarle al gobierno estatal, del PRI, una herramienta que podría aprovechar de manera formidable con fines electorales.

El nuevo gobierno federal ha advertido que ningún recurso público –y en esto se incluye el programa de fertilizante– será empleado con fines electorales, lo cual, sin embargo, aún está por verse, y para ello hay cinco años y medio por delante, cuando menos. De manera que se puede suponer de buena fe que hubo un motivo plausible para hacer el cambio en el programa.

Pero, si es eso lo que pensó quien tomó la decisión, hay que observar que no necesariamente tiene efectos electorales. Y si algún gobernador ha intentado emplearlo con tal fin, no en todos los casos le dio resultados.

Véase la historia del programa: fue creado allá por 1993 por el gobernador Rubén Figueroa Alcocer, entonces si, con fines netamente electorales y de lucro. En las postrimerías del siglo pasado, el tricolor tenía perdidas las principales ciudades del país y su bastión electoral era el campo. Los analistas políticos de entonces –igual que lo hacen ahora– explicaban que ello se debía a que la gente de la ciudad, con más instrucción académica, no era tan fácilmente engañable, como sí lo eran los campesinos, debido a su escasa formación cultural y académica.

Luego entonces, la mente empresarial del entonces gobernador ideó una solución que dejaría beneficios en varias bandas: el programa de fertilizante subsidiado, que reafirmaría los votos del PRI y le granjería nuevos, mientras él vendería el fertilizante que producía Fertimex, entonces de su propiedad, y lo distribuiría en los camiones de Transportes Figueroa, también de su propiedad. Y todo se pagaría con dinero público. Negocio redondo.

El único problema es que el programa no le sirvió a él mismo para conservar el poder, pues cayó poco después de la matanza de Aguas Blancas. Ángel Aguirre Rivero, entonces militante del PRI, concluyó su periodo.

Luego otro priísta tomó la batuta: René Juárez Cisneros. Pero a éste tampoco le funcionó el programa, pues perdió la gubernatura ante Zeferino Torreblanca Galindo –perredista en aquel momento–, quien la heredó al ya para entonces también perredista Ángel Aguirre Rivero en su segundo periodo, y éste no pudo concluirlo tras la desaparición de los 43.

Después de eso el poder volvió al PRI.

Como se ve, el programa de fertilizante no ha servido mucho para conservar el poder, si es que esa era la intención.

Pero ahora, con ese pretexto no declarado, el programa ha sido sometido a cambios cuyos efectos perniciosos están por sufrir los que menos culpa tienen en este embrollo: los campesinos. n