Aca Moto

Escrito por  May 20, 2019

La agradabilidad de los grupos sociales que visitan Acapulco ha solido ser más bien una reacción subjetiva de los prestadores de servicios turísticos, alimentada en parte por el racismo de los mexicanos –siempre soterrado– y en parte por la discriminación a partir del mucho o del poco poder adquisitivo de los turistas.

Cuando Acapulco era el destino preferido del llamado Jet Set internacional –cuyo núcleo más identificable era el mundillo de la meca del cine, Hollywood–, el único visitante merecedor de todas las atenciones y afabilidades era de piel blanca, cabello rubio, ojos azules o verdes y dólares en la cartera.

El turista mexicano era entonces muy mal visto y peor recibido por estos lares, sobre todo el que procedía de la capital del país. “Malditos chilangos” era un mote muy usual en esos tiempos entre prestadores de servicios turísticos para referirse a esos visitantes, y su animosidad era compartida por muchos otros habitantes del puerto.

Pero, como todo cambia, pasado un tiempo los venerados turistas extranjeros hallaron otros sitios para vacacionar, y se fueron para no volver. De manera que el turista nacional, antes tan menospreciado por los prestadores de servicios de la localidad, empezó a parecerles más agradable, no tan feo, ni tan pobre, y a la larga pasó a ser más que amigo: la tabla de salvación de todo el sector.

Hoy ocurre algo similar con los motociclistas que visitan el puerto en masa con motivo del encuentro denominado Aca Moto: un amplio sector de prestadores de servicios y del resto de la comunidad local los mira con recelo y con desconfianza, cuando no con abierta reprobación.

De seguro se cuidan mucho de que no sea por causas similares a la animadversión extendida antes contra el turista nacional, porque, casualmente, los motociclistas no tienen dinero, no son de ojos azules, ni de piel blanca, ni de cabello rubio, y no traen dólares en la cartera, ni sus motos son las más caras del mercado.

Por supuesto, puede que esa no sea la causa de la censura a su comportamiento. Ya la experiencia con los springbreakers así lo demostró, pues se les reprochaba su exhibicionismo, su ruidosidad, su desparpajo y el monto de lo que destruían en los hoteles y las discotecas, a pesar de las características de su raza y a pesar de su nacionalidad.

Lo que pedían los críticos de los springbreakers era que su comportamiento se ajustara a las leyes y al Bando de Policía y Buen Gobierno del municipio –que, entre otras disposiciones, prohibe la ingesta de bebidas alcohólicas en la vía pública y las nunca bien definidas “faltas a la moral”, lo que sea que eso signifique y que por lo general queda al arbitrio, casi siempre estrecho, de los policías municipales–, nada más.

Y eso es en estricto sentido lo que deberían pedir para los motociclistas que vienen en masa con motivo del Aca Moto: sólo respetar las leyes, que no prohiben su concentración en masa, ni que se diviertan.

Dejan mucha basura, sí, pero todos los turistas la dejan. n