Obvia lectura entre líneas

Escrito por  Jul 04, 2019

El entendimiento al que llegaron este miércoles los alcaldes del estado y el secretario de Agricultura y Desarrollo Rural del gobierno federal, Víctor Villalobos Arámbula –con la mediación del gobernador Héctor Astudillo Flores–, es, como muchos otros acontecimientos que ocurren en las esferas del poder y entre quienes lo detentan, un asunto que tiene una obligada lectura entre líneas, en este caso muy obvia.

En apariencia, los alcaldes, el gobernador y el funcionario federal acordaron, cuando los tiempos ya están más que encima, ensayar la única solución que le queda al gobierno federal para sacar adelante, así sea a tropezones, el programa de distribución de fertilizante entre los campesinos de la entidad.

Pero es justo esa intervención de los gobernantes locales lo que querían evitar quienes han coordinado hasta ayer este programa a nombre del gobierno federal. Lo intentaron a toda costa, hicieron todo lo posible por que en él no participaran los presidentes municipales ni el gobernador. Argumentaron irregularidades en la ejecución anterior del programa, cuando estaba a cargo de estas autoridades: que el padrón estaba inflado, que el fertilizante no llegaba a los verdaderos productores, que se entregaba a intermediarios para que sacaran ganancia política y hasta monetaria de esa posición. Por todo lo alto insinuaron, pues, que había corrupción y que ellos eran la solución.

Se mostraron sobradamente autosuficientes para hacerlo sin el apoyo de los gobiernos locales.

Pero en ese afán puritano se les complicó la encomienda, a tal extremo que hoy sus nombres ni siquiera fueron incluidos en el boletín oficial que la Sader difundió sobre el particular.

Esa es la lectura entre líneas: que tuvieron que intervenir los presidentes municipales, luego de los buenos oficios del gobernador, para apoyar la operación del programa, al cuarto para las 12, cuando urge entregar el insumo, no porque la siembra lo requiera con apremio –como lo aclaró Villalobos Arámbula, conocedor de los procesos agrícolas–, sino porque si caen las lluvias en los caminos rurales, ya no habrá manera de llevar el agroquímico al campo. Y las lluvias ya están cayendo.

Pero también es una lección. Lo reconoció el propio secretario de Agricultura y Desarrollo Rural federal: “estamos acumulando experiencia para que en lo sucesivo se tengan padrones claros, georreferenciados”.

Por lo demás, la operación apartó, así sea por un tiempo, a quienes hasta antes de ayer habían estado a cargo de operar el programa desde el gobierno federal. Si, como para el titular de Sader, “acumular experiencia” hubiera sido su divisa desde el principio, otra sería en estos momentos su situación. n