Encrucijada

Escrito por  Jul 22, 2019

El asesinato del médico cirujano plástico Julio César Ramírez Pedrote la noche del viernes y la irrupción el domingo de un grupo de personas en el Mister Bar, localizado en el corazón de la zona Dorada de Acapulco, con saldo final de cinco muertos y seis heridos, sacó del marasmo en que estaba sumergida la autoridad y terminó por arrebatarle la bandera que tan jubilosamente agitaba con el slogan de “en la zona turística no pasa nada”.

Por otra parte, volvió a dejar en claro, por si hacía falta, que el aumento o la reducción de la violencia es un elemento que el crimen maneja a conveniencia y no un logro de las estrategias gubernamentales, como alardean los funcionarios, aunque nadie les crea.

Frente a ello, tan infantil como ingenuo es vaticinar, sin elementos sólidos, de los cuales se carece, que la Guardia Nacional reducirá la inseguridad; no es lógico pensar que 500 agentes asignados a Acapulco harán más que los miles y miles de soldados, marinos y policías que llegó a tener y cuya labor se circunscribió al patrullaje en las calles, al igual que lo hará la Guardia.

Los cárteles, las bandas, las pandillas y demás grupos que tienen en su poder el estado en lo general y la ciudad en lo particular, son los que, sin alharaca, determinan en qué momento y dónde activarán las armas.

¿Cómo detectará sus planes y decisiones la Guardia si no tiene facultades de investigación? ¿Quién hace el trabajo de inteligencia?

Hace meses, cuando ocurría un hecho que sacudía a la ciudad como el del domingo en el bar en plaza Condesa, los responsables del combate a la delincuencia se apresuraban a anunciar el estudio de cambios de estrategias, mandaban traer más militares y policías, asignaban más vigilancia a los lugares de mayor incidencia delictiva. Ahora, con su limitado número de guardias nacionales, ¿qué harán aparte de lamentarlo y condenar los hechos?

No es pesimismo; es pisar la realidad; la verborrea oficial se empeña inútilmente en ocultar lo que los hechos demuestran. Minimizan. Se justifican. Anuncian. Afirman estar trabajando. Pero la realidad es que o no pueden o no quieren.

La autoridad está replegada, arrinconada, sin argumentos ya para hacer creer a la población lo que no es; la impunidad juega parejas con la violencia. No sólo no se ve trabajo del Ejecutivo, sino tampoco se ve el de la Fiscalía General del Estado, el del Poder Legislativo, ni el del Poder Judicial. n