Libertad con responsabilidad

Escrito por  Oct 02, 2019

Feministas están en su derecho de exigir a los legisladores locales la revisión y la reforma del Código Penal para otorgar a las mujeres la libertad para decidir si continúan o no un embarazo hasta antes de las 12 semanas de gestación.

Están en su derecho de aspirar a que legalmente se les permita hacer con su cuerpo lo que crean conveniente, como lo reclaman de manera insistente y hasta en tono de desafío.

“Las mujeres no despertamos y planeamos que vamos a tener relaciones sexuales irresponsables para luego practicarnos un aborto; no hay ninguna mujer que disfrute un aborto; es la marginación y la falta de información lo que lo provoca”, reprocharon indignadas ayer en conferencia de prensa.

Vale resaltar, no obstante, que aun logrando los cambios pretendidos, el aborto o interrupción del embarazo, como quieren llamarle en adelante, ya no será una cuestión legal, es verdad; tampoco ética o moral, sino sencillamente emocional.

Es indudable que en caso de que un embarazo ponga en peligro la vida de la madre, procede en todo sentido el aborto.

Tal vez, una mujer violada que recurra a la interrupción del embarazo no deseado por haber sido víctima de un ataque o porque el niño viene enfermo o con alguna discapacidad, no se arrepienta de su determinación. Tal vez.

Pero una que decida esa misma acción por miedo a la reacción de la familia, por temor al qué dirán o porque “no desee echar a perder su vida por una criatura fuera de matrimonio”, por ejemplo, podría cargar toda su vida con un sentimiento de culpa, y los remordimientos le impedirían ser feliz durante toda su existencia.

Cada vez que vea un pequeño que pudiera tener la misma edad que el bebé perdido, recordará lo que hizo, y oleadas de arrepentimiento y dolor llegarán a su corazón.

Luego, pues, así tengan las leyes a su favor, la comisión de un aborto sustentado en la marginación o falta de información, como expresaron ayer, o bien por miedo, podrían salvarse de ir a prisión, pero no podrán escapar a su conciencia, que atenaza más que las rejas de una cárcel. n