Propuesta a considerar

Escrito por  Oct 17, 2019

Antes de que surjan voces que satanicen, critiquen o condenen lo propuesto ayer en la sesión semanal del Grupo Aca por el investigador Jean Rivelois, de la Universidad Sorbona Nueva –también conocida como París 3–, en el sentido de que el gobierno de México debe pactar con los grupos criminales para lograr la pacificación del país, es preciso hacer unas cuantas precisiones a partir de un análisis cuidadoso del planteamiento:

Lo que el académico francés propone tiene límites muy precisos, pues se refiere de manera específica a los cárteles del narcotráfico, no a cualquier organización criminal, como las que se dedican a la trata de personas, al secuestro, a la extorsión o al robo.

Y las fronteras de su propuesta colindan con las del escenario que percibe, en apariencia desde muy lejos y de manera difusa, el gobierno federal a cargo de Andrés Manuel López Obrador, y que por ello no logra aún sintetizar en un planteamiento específico: la idea de que la solución a la violencia en México no consiste en oponer violencia institucional a la violencia criminal, pues está probado que esa vía implica un enorme costo en vidas humanas, muchas de ellas sin relación directa con el conflicto, pues “la guerra contra los narcos es dura, deja muchos muertos, y también hay inocentes que mueren cada día por esa guerra”, según sus palabras textuales.

Y, lo peor: que todo ese costo no es útil para hacer retroceder el consumo de drogas ilegales y todos los otros fenómenos asociados.

En cambio, agregó, “sociológicamente, los narcotraficantes no son los malos; son empresarios salvajes y ultraliberales; su norma es la ley del más fuerte en el mercado, y de sus actividades ilícitas sacan ganancia los trabajadores, familias y comunidades, lo cual significa una utilidad social”.

Si el gobierno federal mexicano logra ser capaz de reconocer este hecho, ya habrá recorrido la mitad del camino para resolver una parte del enorme problema de violencia y criminalidad que agobia a su sociedad.

La otra mitad del camino implicaría, entonces, despenalizar las drogas. Pero no sólo eso, sino  hacerlo de tal manera que los grupos que hoy tienen el negocio en sus manos sigan siendo partícipes de él, si bien en estricto apego a las nuevas leyes en la materia y con la estricta vigilancia gubernamental.

La propuesta está en la mesa y tiene puntos de coincidencia con el enfoque del nuevo gobierno respecto al problema del narcotráfico. Como dicen los cronistas deportivos: el balón está –y, de hecho, siempre ha estado– en la cancha del Estado. n