Tan bueno era que lo dejaron ir

Escrito por  Oct 18, 2019

Resulta difícil digerir algunos sucesos que, proyectando cierta percepción, las autoridades los presentan públicamente de una manera que parecen contradecirla.

Así, cuesta trabajo aceptar que, si el titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) municipal, Gerardo Rosas Azamar, venía desempeñando un trabajo con buenos resultados, como sigue afirmando la Presidencia Municipal, haya renunciado al cargo.

Si el marino no se retiró por las acusaciones de abusos que al interior de la SSP se emitieron en su contra; si tampoco lo hizo por amenazas de la delincuencia, cuesta trabajo admitir su salida.

Habría que escudriñar a fondo la versión oficial de que se fue porque en la Semar tenía otras tareas que desarrollar.

Irresponsables y desconsiderados serían en la Secretaría si se lo llevaron por esa razón, porque no podrán argumentar que no había otro elemento, entre tantos, que pudiera realizar la encomienda por muy delicada que sea.

Rosas Azamar tenía bajo su responsabilidad la seguridad de los acapulqueños, no tenía bajo su mando a un grupo de marinos que recorrían las playas.

Todavía este miércoles, la alcaldesa Adela Román Ocampo, pese a que los regidores lo cuestionaron siempre por no haber presentado nunca su programa de trabajo, se expresaba de la mejor manera de su colaborador: “el capitán Rosas Azamar –dijo todavía el miércoles– hizo su mayor y mejor esfuerzo; prueba de ello que los índices de violencia disminuyeron y hasta el día de hoy vamos en lo que establece la media nacional en homicidios doloso”.

Es un hecho que si la violencia crece habría que atribuirle cierta culpa al secretario de seguridad, cuya función es prevenir el delito, por tanto, es de justicia reconocerle que, si el índice de homicidios dolosos se redujo, seguramente tiene su mérito el funcionario.

Entonces, ¿por qué se fue?

Si la alcaldía informara que el señor no rindió lo que de él se esperaba; que salió por los señalamientos en su contra; que partió porque no pudo o no quiso presentar su estrategia contra la delincuencia, o porque de plano ya no le convino seguir en el cargo, fácilmente se entendería y no se le buscaría más al asunto.

Pero si se va y todavía lo despiden arrojándoles arreglos florales, de plano no se entiende nada.

Eso por el lado oficial, pero por su parte, Rosas Azamar, si realmente renunció, no puede botar el cargo sin una explicación pública; es deshonroso para un marino de su nivel –capitán de corbeta– dejar la responsabilidad guardando silencio, porque es un puesto público el que desempeñaba, no estaba trabajando para una empresa privada.

Declaró la primera autoridad del puerto que dejará en manos de la Semar el nombramiento del sustituto; por consiguiente, es de esperarse que la institución coloque a alguien al que, si está trabajando como debe ser, no se lo lleve luego para desarrollar otras tareas.

A ver en qué papel quedaría la Marina si, con la ausencia de Rosas Azamar, la violencia repuntara, hecho que se atribuiría a su ausencia. Los acapulqueños necesitan seguridad, merecen respeto y que se les hable con la verdad. n