Caballos desprotegidos

Escrito por  Oct 21, 2019

A pesar de las presiones de organizaciones defensoras de la vida animal, ninguna autoridad ha prestado la debida atención al problema que representan el uso de caballos para tirar de las calandrias.

Todas están de acuerdo en que se maltrata a los equinos, pero nadie se ocupa de solucionar el caso, tomándose como hobby el pisotear la legalidad.

El Congreso local hizo ya su parte al legislar, pero los responsables de ejecutar la ley incurren en omisión esgrimiendo numerosos obstáculos sin hacer lo necesario para salvarlos.

Mientras tanto, los animales –flacos y enfermos algunos– siguen recorriendo la Costera proyectando la imagen ante propios y extraños de que en Acapulco se les maltrata, hecho que a la autoridad no le ha importado lo suficiente.

En vez de buscar soluciones, cada quien se acomoda para justificar su pasividad.

El director de la Comisión Técnica de Transporte y Vialidad del estado, Miguel Ángel Piña Garibay, declaró que las 52 concesiones de calandrias no tienen documentación vigente desde hace al menos 12 años.

La Dirección de Transporte no ha renovado las concesiones de calandrias en los últimos cuatro años, debido a que la Ley de Bienestar Animal prohíbe el uso de animales como medio de tracción en zonas pavimentadas, justificó.

Dijo que tampoco pueden detenerlas porque no tienen a dónde llevar a los caballos.

Si Transportes no ha renovado las concesiones en los últimos cuatro años por la Ley Animal, significa que en los ocho años restantes los calandrieros han operado al garete, sin que nadie los regule y sin ocuparse ellos de tratar debidamente a los caballos.

Ahora que se trata de cumplir la ley, pegan de gritos y patalean demandando opciones para sustituir a los animales.

Cuando el gobierno tomó la decisión de cambiar microbuses y autobuses urbanos en rutas que incluyen tramos federales, intervino para que los concesionarios obtuvieran financiamiento para comprar las Urvan, pero en el caso de las calandrias ni los calandrieros tienen el mismo peso que los permisionarios de camiones, ni el uso de calandrias es importante ni indispensable, si bien se le ha manejado como un atractivo turístico.

El que los famélicos animales transiten por la principal vía turística despertando lástima más que atracción o diversión, no tiene la suficiente importancia para que el gobierno se ocupe del caso.

Por tanto, simula ocuparse del asunto para que no se diga que no le interesa, concretándose mas bien a dejar pasar el tiempo.

Ni municipio ni estado hacen lo suficiente para hacer cumplir la ley. n