¿Quién exhibe a quién?

Escrito por  Oct 23, 2019

Cuando Evodio Velázquez Aguirre atribuye a un linchamiento político los señalamientos que se le hacen sobre su desempeño como alcalde de Acapulco, bien podría tener razón.

No es el propósito defenderlo, sino comentar la forma en que se pretende ajustarle cuentas.

Si realmente se pretendiera que resarciera el daño que supuestamente provocó al erario, sus detractores se apegarían a los recursos legales en vez de concretarse a exhibirlo.

Ayer, por ejemplo, el contralor interno del ayuntamiento, Francisco Torres Valdez, aseguró en conferencia de prensa que en su último año de gestión, Velázquez Aguirre incurrió en un quebranto superior a los 500 millones de pesos.

Colocarlo en la picota es rudeza innecesaria, porque lejos de ello, el ayuntamiento podría presionar a la Auditoría Superior del Estado (ASE) para seguir el procedimiento legal y obligar al ex edil a devolver lo que supuestamente defraudó o que presente denuncia ante el Ministerio Público para que termine en prisión.

Recién terminado el mandato de Velázquez, la ASE informó que tenía más de una decena de observaciones sobre supuestos faltantes de su primer año de gobierno (2015) y que en cuanto iniciara 2018 empezaría a auditar los dos restantes.

Jamás informó si el señor satisfizo los requerimientos de la ASE, ni si evaluó los otros años de administración.

Por otra parte, en las últimas semanas de su periodo, a Evodio le tomó la Marina la Secretaría de Seguridad Pública y la mantuvo en su poder varias quincenas. Nunca se explicó satisfactoriamente la razón. Justificaron la medida con la detención de dos mandos policiacos que, dijeron, tenían orden de aprehensión, hecho que exhibe como un exceso el apoderarse de la dependencia.

De ahí surgió la versión de que cientos de armas se habían desaparecido. La Fiscalía General del Estado (FGE) aseguró estar investigando. Nunca volvió a abordar el tema.

Si la actuación del ex alcalde fue tan irregular como se ha dicho, debería estar en la cárcel, pero ni alcaldía, ni la ASE ni la FGE han demostrado tener razón. O si la han tenido, la han ocultado convirtiéndose en cómplices del acusado.

Un hecho es indiscutible, Evodio sobresalió no por su eficiencia, sino por haberse distanciado del entonces presidente Enrique Peña Nieto y del gobernador Héctor Astudillo; demostró ante todos ser un mal político, pero no le han podido comprobar que haya sido un mal administrador; en sus intentos por colocarlo contra las cuerdas, las venerables instituciones no han hecho más que el ridículo. n