La muerte espera

Escrito por  Oct 30, 2019

Algo muy relevante ha hecho ver el secretario de Salud estatal, Carlos de la Peña Pintos, respecto a la salud: es muy importante que la gente haga conciencia de lo destructivas que resultan las grandes cantidades de grasa, sodio, calorías y azúcares que consumen.

Remarca que, si se logran disminuir las enfermedades crónicas, como la diabetes y la hipertensión arterial, los hospitales dejarán de estar saturados de los pacientes que las padecen.

Se refería el funcionario a la aprobación de las reformas a la Ley General de Salud para establecer etiquetas en alimentos y bebidas no alcohólicas que incluyan información nutrimental veraz, visible y de fácil comprensión, sobre contenido de grasa, azúcar y calorías.

Comentó De la Peña Pintos que con el etiquetado claro los ciudadanos podrán hacer conciencia sobre el problema. Ahí se equivocó.

De acuerdo con las reformas, el etiquetado se fijará en la parte frontal del producto, y la información deberá ser de fácil comprensión, es verdad, pero esa información ya viene en los productos, aunque oculta y con letras pequeñitas; quien se interesa en conocer qué consumirá, la localiza.

No es suficiente decirle a la gente que determinados productos son perjudiciales. Un ejemplo muy claro e ilustrativo: todo mundo sabe que los refrescos son un detonador de la diabetes por su alto contenido de azúcar, sobre todo los de cola, como la Coca Cola, pero todo mundo, aun sabiendo que bebe veneno, consume Coca Cola.

¿Habrá alguien que ignore que beber alcohol aniquila la salud? ¿Desconocerá alguien que el tabaco produce cáncer? ¿Quién no conoce los daños que causa la mariguana? Pues la inmensa mayoría bebe alcohol, fuma tabaco y no son pocos los que le entran con singular alegría a la mariguana y demás drogas prohibidas.

Es ahí donde el sector Salud debe trabajar para que los hospitales ya no estén saturados de diabéticos e hipertensos: en la orientación, la información, la promoción de programas de alimentación nutritiva, la motivación para que la población haga ejercicio y descanse adecuadamente.

La tarea no es fácil, por el alto nivel de resistencia de la gente a renunciar a sus malos hábitos alimenticios y su propensión al sedentarismo.

La prevención, la concienciación, son un reto que el gobierno no está dispuesto a enfrentar; aplicar las reformas legales recientes enterará al consumidor de qué tamaño será el puñal que se clavará en caso de que ingiera un producto dañino, en vez de ordenar el retiro del mercado de todos los puñales para que no los usen o, mejor aun, prohibir su producción, porque los intereses económicos y políticos de por medio son más fuertes que la importancia que los gobernantes dan a la salud de la población.

Mátate si quieres, pero yo ya te advertí que te vas a morir si bebes veneno o consumes productos chatarra, parece ser el mensaje de las reformas, que justifican la supuesta preocupación de los legisladores por la salud de su pueblo que los llevó al poder. n