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¿Qué análisis son los buenos?

Escrito por  Dic 30, 2019

Empresarios de medios impresos recordarán la norma impuesta hace algunos años, en el sentido de certificarse para determinar el tiraje, y con base en ello, los anunciantes tuvieran elementos para decidir en qué publicación insertar sus anuncios.

Resultaba difícil creer que el resultado fuera real por una sencilla razón: eran las mismas empresas las que pagaban el costo de la certificación, aplicando el adagio aquel de que el que paga manda.

Viene a cuento la referencia al conocer la declaración de la alcaldesa Adela Román Ocampo respecto a que, cuando arribó a la presidencia, se encontró con que la certificación de playas era pagada por el municipio.

Con justificada suspicacia, la primera autoridad del puerto dudó de su veracidad.

Resulta que resistiéndose a creer los resultados de los análisis que asegura Cofrepis haber llevado a cabo en las playas de Acapulco, conforme a lo cual el organismo reportó tres de ellas como no aptas para actividades recreativas, la munícipe contrató un laboratorio externo –Ista– para que analice las aguas de la bahía.

Es de suponerse que si la alcaldía lo contrató, será la alcaldía quien le pague, lo que hace surgir la incredulidad como en los casos anteriores.

En algo tiene razón la alcaldesa: si Cofepris avala o no los estudios de Ista, no es importante; lo importante es que las playas estén limpias.

Lo relevante del caso es el anuncio de la edil de que se reunirá con el director general de Cofepris para pedirle que se hagan en Acapulco trabajos especiales en materia de prevención de riesgos a la salud.

“Voy a solicitar que vengan a hacer trabajos especiales que ellos –los de Cofepris– tienen que desarrollar en salud, en basura, en contaminación de playas, en todo lo que se refiera a la salud y al medio ambiente que compete a ellos, para que me digan: a ver, presidenta, aquí tienes este foco rojo, pues vamos a corregirlo”, puntualizó.

Eso es proactividad: canalizar la atención al estudio, la prevención y la corrección del problema, en vez de enfrascarse en debates estériles.

Porque si hay que ser sinceros, ningún visitante y ni un solo residente puede meterse al mar con confianza y tranquilidad sabiendo que descargas de aguas negras se mezclan con el agua en que se sumergirá.

Al bañista no le importa que ya se haya clausurado 146 descargas clandestinas –¿acaso las hay legales?–, sino las que quedan y, lo peor, están a la vista de todos.

La gente se mete al mar confiada en que el agua es clara y transparente, pero habría que ver qué ocurriría si algunos visitantes resultaran con una infección, y los medios de comunicación se encargaran de que la noticia diera la vuelta al mundo.

Si eso sucediera sin que Cofepris analizara las aguas, todos se le echarían encima culpándola de no hacer su chamba; si ocurriera a pesar de haber dado a conocer sus resultados, simplemente se cruzaría de brazos y apuntaría: “se lo dije”.

Luego entonces, no es cuestión de dar tantos brincos, sino de ponerse a trabajar. n