Los enemigos

Escrito por  Ene 06, 2020

No por insistente y desatendido deja de ser relevante el llamado de la Red Todos los Derechos de Todos (TDT) al gobierno a respetar la labor de los defensores de derechos humanos.

Esta vez, el origen del pronunciamiento fueron los hechos perpetrados recién contra defensores del Centro Regional de Defensa de los Derechos Humanos José María Morelos y Pavón (Centro Morelos) de Chilapa en Chichihualco, cabecera de Leonardo Bravo.

Como parte del mensaje, la TDT citó como antecedente del peligro que corren los defensores de derechos humanos el asesinato de 21 de ellos en el país, entre los que se incluyen guerrerenses.

“Las personas defensoras continúan desempeñando su labor en condiciones de alto riesgo: en 2019 incrementó la criminalización y agresiones contra las personas defensoras de migrantes y de personas desplazadas forzadamente”, asentó.

Pero nadie ve a la Red, ni la oye; los asesinatos van aparejados a la impunidad, más aun cuando el gobierno ve en la eliminación de los defensores el retiro de una piedra de su camino.

Los defensores estorban a la autoridad porque le marcan sus excesos; por consiguiente, ningún interés tiene en prevenir su muerte, ni en detener y castigar a los culpables cuando los asesinan.

En esta tesitura, la impunidad es una invitación a seguir liquidándolos.

La misma línea con los mismos resultados es el caso de los periodistas.

Ayer, periodistas taxqueños condenaron agresiones contra comunicadores y demandaron condiciones para ejercer su actividad.

“Como afirman organizaciones internacionales no gubernamentales, ser periodista en México parece más una sentencia de muerte que una profesión”, denunciaron en un comunicado emitido a nombre de reporteros y corresponsales.

Es la misma exigencia de siempre con la misma respuesta de siempre.

Reclaman condiciones para hacer su trabajo; con que hubiera respeto sería un gran avance, pero son los mismos políticos y funcionarios los que se encargan de atropellarlos.

Son bloqueados, agredidos y asesinados impunemente; son vistos, lo mismo que los defensores de derechos humanos, como enemigos del gobierno.

En ninguno de los dos casos se ocupan de ellos.

No pueden los funcionarios proteger a nadie; ni siquiera ellos se protegen, es cierto. Es delicado, pero tampoco quieren, que es lo más grave.

Reclaman protección y justicia unos y otros, convirtiendo su grito desesperado en un clamor de supervivencia. n