¿Regresarán algún día?

Escrito por  Ene 12, 2020

Hace cuatro meses –el 2 de septiembre–, los alcaldes Eusebio Echeverría Tabares, de Coyuca de Catalán, y Hugo Vega Hernández, de Ajuchitlán, declararon que cuando menos 15 comunidades ubicadas entre uno y otro municipios estaban despobladas debido a que sus habitantes las habían abandonado presionados por la inseguridad y la violencia.

El alcalde ajuchitleco dio a a conocer entonces que en su municipio había poblaciones deshabitadas desde hacía un año, como el caso de El Coyol, Llano Grande y Mesas del Guayabo, poblaciones donde incluso –admitió– es posible ver animales, antes domésticos, deambular por los cerros.

Ayer estuvo en Tierra Caliente el gobernador Héctor Astudillo Flores.

Hizo hincapié en que esa es la región con índice delictivo más bajo del estado.

Revisó la construcción de viviendas en Pinzán Morado por el socavón causado por los trabajos en la mina; visitó el hospital regional; en reunión con los alcaldes calentanos se habló de la obra pública para 2020 y se abordó el tema de la violencia, pero, ni de soslayo, se trató el tema de los desplazados.

Los alcaldes guardaron silencio.

El primer edil de Zirándaro, Gregorio Portillo Mendoza, presente en la reunión de carácter privado celebrada en las instalaciones del 34 batallón de infantería, informó al gobernador, que en estos momentos Zirándaro ha entrado en la ruta de la tranquilidad.

Pero los presidentes de Coyuca y Ajuchitlán desaprovecharon la oportunidad de tratarle el caso de los desplazados.

¿Dónde están? ¿En qué condiciones viven? ¿Se generan ya las condiciones para que regresen a sus comunidades?

No dijeron nada.

Les interesó ofrecer al mandatario una imagen de certidumbre, de tranquilidad. Aquí no ha pasado nada, pareció ser el mensaje, en tanto sus gobernados que huyeron porque sus vidas estaban en peligro parecen haber sido excluidos de sus comunidades.

Las organizaciones sociales que abogan por el respeto a los derechos humanos no llegan hasta allá.

Allá no es la misma situación de Iguala, Acapulco, Chilapa, donde grupos no gubernamentales velan por las víctimas de la violencia. Hacen ruido.

Son piedras en el zapato para el gobierno.

Allá, en Tierra Caliente, nadie ve por los desplazados.

Evidentemente, ya no existen.

Las autoridades municipales no se acuerdan de ellos.

Para los gobiernos estatal y federal no son víctimas.

Seguramente están de vacaciones en algún lugar de Guerrero. n