Continúa la fabricación de cocoles en Tecpan para fomentar la tradición Foto: Rodolfo Valadez Luviano

Continúa la fabricación de cocoles en Tecpan para fomentar la tradición

Escrito por  Rodolfo Valadez Luviano Feb 25, 2020

Elabora José Fermín Torres papalotes o culebrinas de acuerdo al pedido del cliente; poco a poco los niños pierden el gusto de volarlos


Tecpan, 24 de febrero. Aunque también usa engrudo, (que se hace mezclando harina y agua), José Fermín Torres Apresa prefiere pegar sus cocoles con pegamento hecho de sasanil, (un fruto blanco en forma de canica, con una sustancia dulce y pegajosa), “porque así se hace tradicionalmente”, asegura. Sus cocoles son los preferidos de los menores cuando comienza la temporada para volarlos, de enero a marzo, que es cuando el viento hace oscilar con más fuerza los árboles y palmeras en la costa.

Durante esa época del año, es común ver en el cielo de Tecpan múltiples cuadros de colores hechos con papel de china y varillas de hueso de coco. En otros lugares, a los cocoles se les conoce como: papalotes, culebrinas, soles, cubos o palometas, “pero aquí son cocoles”, afirma el joven de 26 años.

En su casa, donde tiene su pequeño taller, Fermín Torres se alista para comenzar a fabricar un cocol y accede a explicar su elaboración: “De trozos de huesos secos de la penca de la palmera, con un cuchillo o una navaja se cortan tiras delgaditas para armar el cuerpo del cocol; el tamaño es de acuerdo a como lo quiera el cliente. Las varillas se amarran con hilo y se le comienza a dar forma. Unos lo piden rectangular, cuadrado, hexagonal o en forma de rombo, de acuerdo a como lo quiera el cliente”.

Cuando el cuerpo está listo, se comienza a pegar el papel de varios colores o de uno sólo, “de acuerdo a como lo quiera el cliente”, insiste el artesano, para lo cual se usa el pegamento hecho con sasanil, o con engrudo, aunque hoy muchos niños usan pegamento blanco, “pero no queda igual de fuerte”, afirma mientras aplica el adhesivo. En su taller hay fabricados varios cocoles, unos en forma de  lunas, rombos, estrellas de diferentes tamaños, incluso hay unos grandes de más de medio metro, que se conocen como puertas.

Cuando termina de pegar el papel, espera unos minutos, y después pasa el cocol por el fogón caliente de la estufa, unas dos o tres veces hasta que el pedazo de china se encoge y queda bien restirado. Luego, en las esquinas amarra hilos y una cola con pedazos multicolores de tela. El cocol quedó terminado.

El objeto es tradicional en Tecpan, y de alguna forma, cuenta el fabricante, es una fuente de trabajo que permite ganar unos centavos. Hay cocoles de varios precios; de 30, 50, 70 y 100 pesos, y en esta temporada, Fermín hace entre 10 y 15 diariamente.

Volar cocoles es una actividad que poco a poco se pierde del gusto de los niños, porque ahora éstos son atraídos por otro tipo de cosas, como los videojuegos, el Internet, las computadoras o la misma televisión, que los hacen sedentarios, lamentó Torres Apresa.

Recordó que en otros tiempos, los niños se divertían echando caloma, es decir, echar un cometa contra otro en el aire, hasta lograr que se vaya a cañones, o que se venga abajo.

Fermín Torres se dijo a favor de continuar con la fabricación de cocoles, porque, según dijo, es una manera de fomentar y continuar una tradición, para que ésta no muera y los menores la continúen año con año.