Canadá siempre resulta fascinante

Escrito por  Sep 28, 2018

Además de la belleza de sus colosales montes y escarpadas costas, Canadá ofrece al viajero una cocina extraordinaria, una atractiva cultura y fabulosos viajes por carretera que permiten avistar alces. El segundo país más grande del globo abarca una infinidad de paisajes repartidos en seis husos horarios: altas montañas, resplandecientes glaciares, fantasmagóricas selvas tropicales y playas aisladas. Hay muchos sitios memorables y gran variedad de personajes. Abundan los osos pardos y polares o las ballenas.

Canadá es muy diverso en toda su extensión y en cada ciudad, algo que se percibe en la música, el arte y la gastronomía. Se puede tomar un café con leche y un cruasán de hojaldre en una terraza en Montreal, visitar un mercado asiático nocturno y comer fideos en Vancouver, unirse a una primitiva fiesta celta con gaitas en la isla de Cabo Bretón, recorrer en piragua los bosques y aldeas aborígenes de Haida Gwaii, asistir al Festival Internacional de Teatro Alternativo de Edmonton o al famoso Festival de Cine de Toronto.

Varias visitas son obligadas si el viajero se desplaza hasta Canadá. La primera: las Cataratas del Niágara. Abarrotadas, turísticas y ni siquiera figuran entre las 500 más altas del mundo, pero cuando esos vigorosos brazos de agua caen en forma de arco sobre el precipicio como cristal líquido rugiendo en el vacío, y el viajero se acerca en una pequeña embarcación envuelta en neblina, impresionan. En cuanto a volumen, a esta atronadora catarata no la superaría ninguna otra en Norteamérica: su flujo de agua roja el equivalente a más de un millón de bañeras por segundo.

Los amantes de la naturaleza tienen su paraíso en Canadá. Las Montañas Rocosas, es decir, la cordillera nevada que sirve de frontera entre la Columbia británica y Alberta, asombra y excita. Sus cuatro parques naturales (Naff, Yoho, Kootenay y Jasper) ofrecen infinitas oportunidades de explorar su exuberante naturaleza con un laberinto de senderos, torrentes y pistas de esquí. El tren es otra forma de vivir su grandiosidad: luminosos lagos, flores silvestres y radiantes glaciares van discurriendo a medida que los vagones suben puertos y bajan por valles hacia el este o el oeste.

También se puede llevar a cabo la ruta de Cabot, con 300 kilómetros de recorrido ascendente que serpentean por montañas costeras de sobrecogedoras vistas marinas en cada recodo, ballenas saltarinas frente a la costa, alces que pastan en las cunetas y muchas sendas para caminar. Hay que llevar los zapatos de baile: en la zona hay comunidades celtas y acadianas, y su desenfrenado taconeo al son del violín vibra en los pubs locales.

Antes de desembarcar en el norte de América, el viajero debe tener algo en cuenta de suma importancia. Para acceder a este fascinante país debe solicitar la eTa Canada Mexico, una autorización de viaje electrónica que sustituye al tradicional visado de entrada. De no cumplimentar este trámite, se le puede negar la visita a uno de los lugares más fascinantes de todo el planeta.