Entre música y recuerdos, tecpaneco cumple 106 años de vida Foto: Rodolfo Valadez Luviano

Entre música y recuerdos, tecpaneco cumple 106 años de vida

Escrito por  Rodolfo Valadez Luviano Ene 29, 2019

Julián Cisneros Mercado, sobreviviente al ciclón Tara, en 1961, narra cómo fue su vida en Nuxco, Tecpan, y Boca de Arroyo, Atoyac


Tecpan, 28 de enero. Después de Las Mañanitas, en la casa de Julián Cisneros Mercado se escuchó, a petición de él, la canción Amor perdido, seguida de Cuando un amor se va, cuyas notas musicales y letra hicieron que apareciera una sonrisa en el rostro del hombre que el 28 de enero cumplía 106 años de vida.

Sus hijos Humberto y José encabezaban el grupo de amigos que esa mañana acudieron a la casa a felicitar al adulto, acompañados de la banda de chile frito que tocó las canciones que más le gustan al festejado, y que cantó con dificultad pero con el gesto que provoca la nostalgia de escuchar las melodías favoritas.

Julián Cisneros –cuya credencial de elector precisa que nació el 28 de enero de 1913– recordó en entrevista los años en los que la siembra de ajonjolí y algodón predominaban en los campos de Atoyac y Tecpan, los cuales dejaron de ser negocio y poco a poco la gente los dejó de sembrar para dedicarse al cultivo del coco hasta que esa actividad se convirtió en la más importante porque cientos de familias dependían de las cosechas y la venta de la copra, “un trabajo que actualmente deja pocas ganancias y por eso hay pobreza en los hogares de la región”, aseguró.

Contó que es uno de los sobrevivientes del paso del ciclón Tara, que el 11 de noviembre de 1961 destruyó totalmente al pueblo de Nuxco, donde vive desde joven. En esa fecha, la lluvia, el viento y el desbordamiento del arroyo que pasa junto al poblado, quitaron la vida de más de 500 personas, aunque cifras no oficiales aseguran que fueron más de mil.

“En aquella ocasión lo perdimos todo: casa, huerta, ropa, muebles, todo se lo llevó la corriente del arroyo que aquella noche se desbordó e inundó al pueblo. Mi familia y yo alcanzamos a salvarnos porque nos pasamos, como pudimos, al otro lado del pueblo, donde decidí construir esta casa que es donde he vivido desde aquella ocasión en que ocurrió la tragedia”, apuntó.

El hombre, que oye poco, pero recuerda bien, narró que llegó a Nuxco cuando tenía 20 años procedente de su pueblo natal Boca de Arroyo en Atoyac; a su llegada, abundó, trabajó como carretero llevando y trayendo cosas de Boca de Arroyo a Nuxco y viceversa, y a otras poblaciones que están en la misma ruta, cuando no existían carreteras y las sendas se recorrían en carreta o a caballo.

Luego del paso del Tara, dijo que abrió una tienda en la que además de obtener buenas ganancias por los productos que vendía, podía ver a las mujeres del pueblo, su gran debilidad, externó su hijo Humberto.

“Siempre me gustaron las mujeres y, a decir verdad, tuve varias, pero ahora ya no se puede porque el rifle ya no dispara”, expresó con una sonrisa que dejó ver los pocos dientes en su boca, al tiempo que respondió que fue y sigue siendo priísta, porque es el partido al que ha pertenecido toda su vida y por el cual llegó a ser comisario municipal dos veces en Nuxco y dos más en su pueblo natal.