Niños que se ofrecen para pintar las tumbas en el panteón de Tecpan. Niños que se ofrecen para pintar las tumbas en el panteón de Tecpan. Foto: Rodolfo Valadez Luviano

Niños se ofrecen para pintar tumbas por el Día de Muertos en Tecpan

Escrito por  Rodolfo Valadez Luviano Nov 03, 2017

Lo hacemos sólo en estas fechas porque vamos a la escuela, dicen


Tecpan, 2 de noviembre. Cada año, el 31 de octubre y 1 y 2  de noviembre, se ha vuelto una costumbre ver en el panteón de Tecpan a grupos de niños que se ofrecen para pintar las tumbas a los que por esos días llegan a visitar a sus seres queridos. Los menores aparecen los días previos al Día de Muertos y topan en la entrada del cementerio a los que llegan al lugar para ofrecer sus servicios por los que cobran 20, 30 y 50 pesos, según el tamaño de la cripta.

Los Hermanos Salvador, Oscar y Carlos Martínez, de 10 y 11 años, forman parte de uno de los grupos que es común ver por esos días en el lugar. Ellos, según dijo Carlos, el mayor de los tres, se emplean como pintores porque eso les permite obtener dinero extra para ayudar a sus padres con los gastos de su casa.

Al igual que los que integran los demás grupos de niños, los tres van vestidos con shorts, huaraches, playeras y gorras, para cubrirse del sol, pues las jornadas de trabajo son todo el día, prácticamente de las 8 de la mañana a las 6 de la tarde.

De acuerdo a Carlos, su trabajo comienza el 31 de octubre, cuando saben que la gente comienza a llegar al cementerio para arreglar las tumbas de sus seres queridos; se apuestan en la entrada del panteón y se dirigen a los visitantes, “la pintada de las cruces son de a 20, la de las tumbas chicas son de 30, las medianas de 40 y las grandes de 50, eso sí se pintan con cal, porque si se hace con pintura es un poco más caro”, apuntó el menor.

Carlos fue el que aprendió a pintar las tumbas gracias a que varias veces vio a un amigo que le pidió que lo acompañara, y de ahí decidió dedicarse solo al oficio, recordó.

Una vez que dominó la técnica, contó, convenció a sus hermanos a que le ayudaran y desde hace tres años ofrecen su trabajo a quienes llegan al panteón cada año.

“Esto lo hacemos sólo en estos días, porque vamos a la escuela, ya que a nuestros papas no les gusta que fallemos a las clases, y pues lo que sacamos aquí lo usamos para el recreo o para lo que le falte a mi mamá”, puntualizó Carlos, al tiempo que prepara en un bote la pintura que usará para remarcar las letras de una cruz.

Durante la charla, un hombre les pidió que pintaran la tumba de uno de sus familiares que está en el centro del cementerio, a lo que Carlos ordenó a sus hermanos que se fueran y comenzaran a barrer la bóveda.

El trabajo disminuye al caer la tarde. Es cuando Carlos pide a sus hermanos que ordenen la herramienta para llevársela a su casa, sabedores de que es 2 de noviembre y se cierra su estancia en el panteón, hasta el próximo año.