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Una de las 673 escuelas de nivel básico cerradas en La Montaña baja desde hace 46 días. Una de las 673 escuelas de nivel básico cerradas en La Montaña baja desde hace 46 días. Foto: Arturo de Dios Palma

Por la violencia, suspenden por quinta vez el regreso a clases en La Montaña baja

Escrito por  Arturo de Dios Palma Nov 07, 2017

Desde el 19 de septiembre 673 escuelas básicas están paradas


Chilapa, 6 de noviembre. El miedo se puede ver, oler. En los municipios de Chilapa, Atlixtac, Zitlala, Ahuacuotzinigo y José Joaquín de Herrera, en Guerrero, está en las escuelas: 673 de nivel básico están cerradas desde hace 46 días. 

Mensajes de amenazas por Facebook y Whatsapp han paralizado a todo el magisterio. Es lunes, y en la cabecera municipal de Chilapa la vida trascurre lenta, a un ritmo distinto.

Sus calles –angostas la mayoría– lucen libres. No hay tránsito y muy poca gente anda. 

En una ciudad que se dedica a dos cosas: el comercio y el magisterio, la ausencia de los profesores y estudiantes se nota en su cotidianidad.

Este día los alumnos tenían que regresar a clases, pero eso no ocurrió. Desde el 19 de septiembre, en los cinco municipios que integran la región de La Montaña baja, 59 mil 649 niños de prescolar, primaria y secundaria, y los 3 mil 742 profesores, administrativos y personal de apoyo, no han pisado las escuelas. 

El 19 de septiembre, con el terremoto, la Secretaría de Educación Guerrero (SEG) dijo que las clases se reanudarían hasta que los planteles fueran evaluados. 

Tres días después, el 22, comenzaron a circular mensajes de amenazas firmados por supuestos grupos delictivos que se disputan la región.

Advertían a los trabajadores que no los querían ver en las escuelas; si no obedecían, las profesoras serían violadas, y los profesores, asesinados. Todos los docentes tomaron en serio las amenazas.

Desde entonces, la SEG en cinco ocasiones ha formalizado la suspensión, sin reconocer que es por la violencia. 

Los hechos parecen dar la razón a los profesores: en los últimos tres años aquí se ha visto de todo: asesinatos, incinerados, desmembrados, decapitados, desaparecidos, desplazamientos forzados y, sobre todo, mucho miedo. 

La jefa del sector 19 de primarias formales de la región, Juana Pineda Jaimes, dice que hasta ahora no ha habido ningún ataque directo contra un profesor, pero con la amenaza basta. 

Lo cierto es que en esta guerra no han respetado ni a profesores, ni a estudiantes. En diciembre de 2014, en la comunidad de Tecuanapa, en Ahuacuotzingo, todo el personal del jardín de niños El Siervo de la Nación pidió su cambio.

Un mes atrás, antes de llegar al plantel, los trabajadores fueron interceptados por un grupo armado. Los retuvieron y después los dejaron en libertad.

Pero se llevaron a una profesora por quien pidieron un rescate. La familia lo pagó, y fue liberada. Ahora esa profesora ya no vive más en Guerrero. 

Estudiantes de la preparatoria 26 de la Universidad Autónoma de Guerrero también ha sido víctimas de la violencia: varios de ellos han aparecidos muertos con el cuello cortado o a medio enterrar en fosas clandestinas. 

Juana Pineda explica que las 123 primarias que integran su sector están cerradas, y no hay certeza de cuándo retomarán las clases. La mayoría de estas 123 escuelas están ubicadas en el corredor que va de la comunidad de Ayahualulco hasta Atzacualoya, en Chilapa.

Estas localidades han sido el escenario de la disputa, son el límite entre los municipios de Chilapa y Quechultenango. 

Un profesor que pide el anonimato dice que volverán a las aulas cuando una autoridad les garantice la seguridad: “No queremos ser mártires, pero tampoco estamos pidiendo algo especial; sólo que haya garantías para regresar a clases”. 

El mismo profesor explica que el problema por ahora es que ni la SEG, ni la Secretaría de Seguridad Pública quieren asumir la responsabilidad de garantizarle la seguridad. Muchos docentes no han esperado la respuesta gubernamental. 

Un funcionario de la SEG cuenta que en este año en Chilapa y los demás municipios por lo menos 70 profesores ha dejado sus escuelas para irse a otras regiones o, incluso, a otros estados. 

En estos 46 días, Facebook y Whatsapp han sido herramientas de doble filo. Por ahí amenazan a los profesores, y por ahí mismo los profesores tratan de salvar el ciclo escolar: han creado grupos en los que dan clases, dejan tareas y las califican.